El Banco de España ha encendido una luz de alarma: si continúa la parálisis política que sufre esta España sin Gobierno, nos exponemos a que los brotes verdes se conviertan en malas hierbas. Un incipiente jardín transmutado en estercolero será lo que quede de ellos.
Es lo que tiene la inactividad. Cuando no se toman decisiones y todos los temas quedan en suspenso, cuando se paraliza el tiempo, se pierde la vida. Es aquello de ni fu ni fa; lo del libro del Apocalipsis, con el mensaje del ángel de Dios a la Iglesia de Laodicea: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero porque eres tibio, te vomitaré de mi boca”.
La Iglesia que celebra la Pascua es una invitación toda ella a abandonar la inactividad. Hay que complicarse la vida, es el mensaje. Y esos enredos tienen que estar relacionados con mejorar la vida de los demás: respondiendo a sus necesidades materiales, abrazando los dolores de sus adentros y abriéndoles una puerta a la profundidad de su existencia desde el encuentro con Dios.
Un creyente en Cristo no puede complicarse la vida con tontunas de si vamos de progres o de carcas, ni con añoranzas de un poder y una capacidad de influencia propios de otros tiempos, de aquellos en los que tenían que respetarnos por decreto, so pena de estigma o de cárcel. Entretenerse en necedades es lo mismo que estar paralizado, como la formación de Gobierno en España. Es lo mismo que perder la vida, que desperdiciar el tiempo.
La Iglesia en Pascua es una comunidad que se complica la vida: que tiene las manos sucias porque está de labor; que no busca cobijo, sino serenidad; que no añora el calor, sino la sabiduría que esconde el frío; que no juzga, sino abraza. La Iglesia de Cristo recién amanecido huye de las tibiezas, porque ésas quedan para quienes aún están haciendo análisis sobre el terreno para determinar si el sepulcro estaba o no vacío.
La Iglesia resucitada ansía la paz. “Paz a vosotros”, escucharon los discípulos el primero de todos los domingos buenos. Paz es la meta. No podemos aparecer ante el mundo como pandilleros. No somos pendencieros que buscan defender su fe a base de encontronazos y descalificaciones. No es lo nuestro defender la fe, sino experimentarla, compartirla y proponerla.
No hay tibiezas en la comunidad de los creyentes. No puede haberlas, porque la mañana del domingo primero nos ayudó a entender aquello que dijo Jesús a Nicodemo: “Tienes que nacer de nuevo”. Ahora sabemos lo que significa: la vida es nueva, todo está por estrenar desde la irrepetible seguridad del encuentro personal con el resucitado. Es lógico que algunos no lo entiendan: el encuentro no se puede explicar. Sólo si se busca, se encuentra.
@karmelojph
