
Francisco Gonzálvez fue la primera persona que llegó, junto con su compañero de trabajo Antonio García, al punto exacto en el que colisionaron los dos aviones Boeing 747 y que provocó la muerte de más de 500 personas aquel fatídico 27 de marzo de 1977 en el aeropuerto de Los Rodeos.
Francisco tenía entonces 34 años y trabajaba como señalero en el aeropuerto Tenerife Norte, guiando los aviones para que aparcaran. Aquel día, “nos comunican de Tráfico que van a venir unos aviones derivados de Las Palmas, porque allí había explotado una bomba, para aparcarlos en la raqueta de la cabecera 1 y 2. A las 12.30 llegó el primero, el de Pan Am, y lo guiamos y lo aparcamos. Luego llegó otro más pequeño, que también pusimos ahí, y más tarde el otro jumbo, el de KLM, que también aparcamos ahí -relata Gonzálvez-. En todo esto, fue pasando el tiempo, a la espera de si iban a Las Palmas o no, pero en este intervalo se metió la niebla y no se veía ni tres montados en un burro…”.
Sobre las 17.00 horas , “oíamos por la emisora a la torre autorizar al KLM rodar al punto de espera de la cabecera, donde empiezan los aviones a despegar, yo le di la señal al KLM de que podía pasar al punto de espera -recuerda-. Y entonces por el transmisor oímos que autorizaban a rodar al de Pan Am y oíamos el ruido del avión, pero no lo veíamos. En un momento hubo un claro en la niebla y vi que iba por la pista de aterrizaje, pero tenía que desviarse de la pista por la salida rápida, aunque no llegó, porque en ese intervalo despegó el KLM, al parecer sin autorización de la torre, y se encontró con el Pan American de frente. Intentó levantar pero no pudo”, detalló Gonzálvez.
“Dicen que si la torre le dijo al comandante de la Pan American que saliera por la tercera intersección, pero es imposible porque es una transversal recta y un avión de esas dimensiones no gira así como así -explica este extrabajador del aeropuerto-. Para mí que lo mandó a girar por la salida rápida, pero el otro despegó antes de tiempo, según dicen, fue sin permiso. Yo conozco al que estaba en la torre y él me dijo que se le dijo que mantuviera posición hasta que la Pan American saliera, pero despegó sin permiso”.
“El problema era que a la KLM se le cumplían las horas de vuelo y tenía dos horas para salir de aquí y llegar a Las Palmas y volver a salir, o si no, no podían seguir volando y tenían que hacer allí noche, con todo los pasajeros, y creo, a mi juicio, que el de la KLM con las prisas se precipitó y entendió que estaba autorizado para despegar”, añade al respecto.
Francisco Gonzálvez explica que un error que se ha ido repitiendo en la explicación de aquella tragedia es que “habitualmente se dice que los dos aviones estaban en pista de aterrizaje, pero yo digo que no, que el KLM estaba por rodadura hacia la cabecera 30. Estaba en la raqueta de la cabecera 12 y tenía que rodar todo lo que es la pista de rodadura hasta la cabecera 30, cuando nosotros le dijimos que podía. Y ahí está la confusión, porque dicen que los dos aviones fueron por la pista de aterrizaje”.
No se oyó nada
A pesar del brutal choque, al principió no oyeron ni vieron nada, según señala Gonzálvez. “Estábamos delante de Tráfico y vemos un coche de Cepsa hacia nosotros y nos dijeron que había fuego en la pista y que fuéramos a ver qué era. Pedimos permiso a la torre para entrar y antes de llegar a aquel desastre ya había trozos por todos lados… Nos encontramos con una llamarada enorme, no había nadie caminando, solo restos de gente esparcidos… Eso no se olvida”, rememora. Era el KLM, que al intentar levantar el vuelo chocó con la cola del Pan American, que iba rodando, “y cayó y explotó y se desintegró, solo quedó la cabina y montones de cuerpos ahí dentro calcinados. Fue horrible, no lo puedes olvidar. Y luego verlos a todos puestos en el hangar…”.
Él y su compañero Antonio García fueron los primeros en avisar a la torre de control, que aún no se había enterado de nada y alertó a los bomberos. “Y entonces el compañero me dijo que más abajo había otro resplandor y seguimos 200 metros, porque no se veía nada, y encontramos el Pan American que estaba también ardiendo -relata-. Estábamos impactados, y tengo en la cabeza al comandante en la puerta del avión gritando con los brazos abiertos: ¿Qué pasa aquí?”. Él y su compañero ayudaron a algunas de las personas del Pan American: “Recuerdo que cogí a una señora que se había tirado de la puerta del avión, a una altura de tres metros, porque no se despegó la rampa y la gente se estaba tirando”.
“En ese se salvó mas gente -añade- porque le dieron en la cola y en la parte de delante no había fuego, pero luego explotaron los motores y una azafata que había allí guiando a la gente para que saliera, un trozo de aspa salió volando y le cortó la cabeza. Fue horroroso. Eso lo tienes en la mente”. Y es que hay imágenes y tragedias que jamás se olvidan.







