El próximo sábado 23, aunque ustedes no se lo crean, voy a asistir al Primer Congreso Internacional OAOA Canarias en el CEIP Aguere. Para quienes somos unos profanos en esto de las matemáticas y las nuevas formas de enseñarlas, las siglas OAOA significan “Otros Algoritmos para las Operaciones Aritméticas”. Bueno, sigo igual, para quienes pecamos de imberbes matemáticos –por no decir algo más-, debemos seguir igual. En el mismo estado catatónico, buscando el sentido de eso de algoritmos en sabe Dios dónde. Pues resulta que un grupo de profesores, como dicen los chicos ahora, “en todo el mundo mundial”, en la orbe, vamos, se han empeñado –y ya era hora- en, “ofrecer un movimiento radical sobre la enseñanza y el aprendizaje de las Matemáticas, con el que pretendemos hacer de esta materia una herramienta para la igualdad social, y no un instrumento de selección intelectual”, como las definía recientemente Antonio Martín, uno de los miembros de OAOA, en una columna que tuve la suerte de leer en nuestro DIARIO DE AVISOS.
He conocido a Antonio Martín, Tony -como ya tengo la suerte de poderle llamar, porque es un hombre que abre su amistad en décimas de segundos tras conocerlo- y el haber conocido a Tony, junto a OAOA, me ha abierto los ojos hacia las matemáticas, hasta hace muy poco puede decirse que era un invidente matemático. Bueno, tampoco exageremos, hasta la división con decimales y las raíces cuadradas llegaba, sin embargo soy de esos que dijo “vaya lío con las matemáticas” cuando llegó a 2º de BUP. Antes lo de “las matemáticas son un rollo” aún no era moda, Manolito Gafotas todavía no había salido a las librerías. Pero sí, las matemáticas para muchos como yo eran harto difíciles. Después de asistir a varias sesiones de coordinación de las que se realizan en mi centro, el Colegio Virgen del Mar, desarrolladas por Tony puedo decir que sé cuál es la causa de que ahora las matemáticas ya no sean un rollo para los chicos y para los niños. Mi colegio es un espacio matemático, es decir, los niños son parte de las matemáticas. Si un crío quiere saber lo que es un ángulo, lo vivencia, lo siente, y lo ve por ejemplo con la apertura o cierre de una puerta. Si quiere saber lo que es un metro cuadrado, te metes dentro de un metro cuadrado. Dios mío, si esto me lo hubiesen enseñado a mí, mis buenos profesores, Fraga, Sierra, and company, yo no hubiese abandonado las matemáticas nunca.
Cuando leí, por primera vez “El árbol de la ciencia”, de Pío Baroja, recuerdo que tenía múltiples disertaciones con mi gran profesor de Literatura Española, José Juan Pérez Pérez, porque yo con mi rebeldía juvenil no comprendía cómo se podía considerar que las ciencias y las letras, uno de los ejes de esta maravillosa novela, fuesen por caminos diferentes. Pío Baroja señala también el gran equívoco, y yo me apunto a él, a Baroja, lo que además resulta ser ahora uno de los motivos coincidentes con no solo Tony Martín y OAOA, sino también con la tendencia que ellos promueven y además la que vivo día a día en nuestro Colegio Virgen del Mar. Envidio, de verdad, y que Dios me perdone, y los lectores también, a estos peques y jóvenes de hoy, porque les enseñan a amar las matemáticas y a vivirlas también con las letras, en un solo pack. Genial.
