El Cabaret

El Cabaret, con t, era un punto de encuentro social en aquel Santa Cruz de los años 60 y 70. Visto con la óptica del final de ese siglo y de este siglo XXI, puede resultar una observación algo machista, pero la realidad es que siempre que ibas te encontrabas con alguien conocido.

El Cabaret, con t, era un punto de encuentro social en aquel Santa Cruz de los años 60 y 70. Visto con la óptica del final de ese siglo y de este siglo XXI, puede resultar una observación algo machista, pero la realidad es que siempre que ibas te encontrabas con alguien conocido.

Era un sitio donde, entre otras cosas, tenías con quién hablar, se descargaban tensiones, se conocían historias y… se aprendía mucho de la vida.
Para mí, fue una fuente inacabable que colmó mi anecdotario y me proporcionó muchas risas. Y nunca he llegado a descubrir qué extraña relación guardaba el Cabaret con los exámenes finales del curso, pero lo cierto es que cuando llegaba esa época, empezábamos las noches estudiando y las terminábamos siempre en el Cabaret.
De los locales que me tocó vivir, los grandes fueron el Copacabana, situado por debajo de la curva de la Cervecera y los de La Cuesta, que estaban ubicados en el Valle de Tabares, entre los que destacan en mi memoria sobre todos La Caracola y la Sala Tabares que llegué a conocer más tarde como New Tabares.

Para mí eran lugares impregnados de gran ternura. Recuerdo que ya viviendo yo en Madrid, en un viaje a Tenerife, me fui una tarde a visitar a doña Ángela, la dueña del Cabaret La Caracola, para llevarle unos pasteles y merendar con ella contemplando Santa Cruz y recordando… ¡Qué gracioso eras…, y qué jovenciiiiito!, me decía con la cara repleta de cariño.

Un lunes lluvioso fuimos un grupo de amigos a La Caracola. Al entrar, comprobamos que no había nadie, ni un cliente. No lo dudé, me fui al coche a por una guitarra, me pusieron una silla en medio de la pista y les hice una actuación para todas las chicas.
No tardó en llegar el típico ignorante, tan nuestro, que al verme allí, al rato estaba comentando en la barra: Si yo sabía que no servía… yo sabía que iba a terminar cantando en sitios de estos…

Hay artistas que se pueden sentir orgullosos de haber cantado en escenarios importantes como el Starlight de Marbella o el Lone Star de Nueva York.
Yo me siento orgulloso de haber cantado una noche, aquella noche, en La Caracola.
Deja ver…

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