El viernes fallecía el periodista Michael Herr, que, además, fue guionista de mitos del cine como Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola, o La chaqueta metálica, de Stanley Kubrick. Herr estaba considerado uno de los maestros de lo que se dio en llamar el nuevo periodismo junto a Gay Talese, Tom Wolfe o Truman Capote, y a su escritura se debe uno de los mejores relatos sobre la guerra de Vietnam: Despachos de guerra. Esta famosa crónica que relató el conflicto desde las vivencias a pie de trinchera a las barras de los bares en los que los viejos corresponsales contaban sus -falseadas- historias fue un impacto en un país, Estados Unidos, que seguía sin comprender nada de lo que había sucedido en aquellas selvas. Despachos de guerra está entre los primeros libros periodísticos que leí; allí, en aquellas páginas, se trasladaba una verdad en la que la condición humana desfilaba con todas sus vergüenzas al aire. Testimonios, descripciones y diálogos que parecían imposibles porque, tal y como el propio Herr decía, “fui a cubrir una guerra y la guerra me cubrió a mí”. Y lo contó. Hace unos días los periodistas españoles Javier Espinosa y Mónica G. Prieto presentaron en Madrid su libro Siria, el país de las almas rotas, la recreación de sus vivencias en otro conflicto, el de Siria, que incluso le costó un secuestro al reportero de El Mundo. En la crónica de la charla posterior quedó claro que allí, en medio de una guerra tan cruenta o más que otras muchas, ya no hay casi periodistas -algún freelance que se juega la vida a cada minuto- y poco se cuenta ya de lo que está sucediendo. “Allí no había un país, sólo una guerra”, es una de las conocidas sentencias de Herr sobre Vietnam aplicable hoy a Siria y a otras tantas guerras que, por el contrario, cada vez son más difíciles de relatar y que, al parecer, a nadie les preocupan o importan.
Guerras sin despachos
El viernes fallecía el periodista Michael Herr, que, además, fue guionista de mitos del cine como Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola, o La chaqueta metálica, de Stanley Kubrick
