Aprender a vivir con la incertidumbre es una de las claves cuando nos referimos al bienestar emocional ya que, nos guste o no, el futuro es algo incierto. Podemos trabajar en el presente para crear nuestro futuro pero nunca tendremos la certeza, al 100 x 100, de que todo vaya a resultar como nos gustaría que fuera. Lo imprevisto y la parte injusta de la vida existe y eso, está fuera de nuestro control.
Para muchas personas la incertidumbre suele ser muy estresante generándoles problemas de ansiedad o depresión. Cuando aparece la ansiedad la mente no está en calma, y tendemos a llevarnos por los impulsos a la hora de tomar decisiones, lo que nos lleva en muchísimas ocasiones a encontrar resultados no deseados. Ante la incertidumbre podemos luchar contra ella, rechazarla, quejarnos, negarla e ignorarla y cuando nos damos cuenta que ninguna de estas reacciones nos sirve como solución, es cuando aparece la desesperanza y en muchos casos, la depresión.
Aprender a vivir con incertidumbre es aceptar que no vamos a saber ni cuando se solucionarán nuestros problemas, ni cómo será nuestra vida dentro de un tiempo, ni si nos irá bien o mal. Desde que lo aceptas, comienzas a disfrutar con mayor intensidad del presente involucrándote en lo que si depende de ti para tener un futuro mejor.
Planificar, ser precavido, encargarse con responsabilidad de los asuntos; son acciones positivas que incluso nos ayudará al logro de muchos de nuestros propósitos. Pero desconoces el precio que pagamos cuando pretendemos que absolutamente todo, esté bajo nuestro control. Te muestras intolerante ante el fracaso (tanto con el de uno mismo como con el de los demás) pudiendo deteriorar tus relaciones sociales debido a tus exigencias y, además, vives tu día a día ahogado en el estrés, centrado más en lo que puede pasar (preocupaciones) que en lo que está pasando.
1. Querer no siempre es poder. Asume que por mucho que nos esforcemos, las cosas no siempre salen como nos gustaría. Si aceptas esta posibilidad, te seguirás esforzando para que salga lo mejor que puedas y en el caso de no conseguir el resultado que esperas, el nivel de frustración será menor por lo que seguramente, no abandonarás a la primera de cambio, sino analizarás el error para estudiar otra manera o estrategia para conseguirlo.
2. Las mejores decisiones se toman cuando la mente está en calma. Relájate, respira hondo cuantas veces lo necesites y acompáñalo de palabras de aliento. Tú puedes ser tu mayor motivador.
3. Ante las preocupaciones, identifica que variables externas no están bajo tu control y acéptalas. Solo así tu mente conseguirá estar en calma porque no la tendrás luchando contra lo que no puede cambiar. Enfoca tu atención en lo que si depende de ti y ponte a trabajar en ello.
4. El único autocontrol que necesitas es el de tus pensamientos. Ahí si tienes el control y podrás gestionar tus emociones a la vez que condicionas tu comportamiento.
Desata tu vida del control y, simplemente, deja que fluya.
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