Recientemente se ha celebrado en Madrid el congreso anual de la Confederación Española de Directivos y Ejecutivos (CEDE), fundada por la Asociación Española de Directivos (AED), bajo el sugerente título de Directivos sin Fronteras. Como en otras ocasiones, este encuentro ha servido para reunir a un gran número de ejecutivos de las empresas españolas con el fin de analizar y debatir las principales tendencias del mundo actual a las que se tienen que enfrentar. Desde nuestro punto de vista, la calificación de Directivos de Sin Fronteras constituye una definición que puede servir para identificar los perfiles y atributos de un ejecutivo de empresa en el mundo de hoy. Al menos en tres sentidos: en primer lugar, como directivos para un mundo sin fronteras geográficas; en segundo lugar, como directivos sin fronteras en la innovación y el conocimiento y, finalmente, como directivos sin fronteras en su compromiso social.
En efecto, la mejor actitud directiva es la que tiene en cuenta la importancia del binomio innovación-internacionalización y, por otra parte, está siempre muy atenta los factores económicos, sociales o geopolíticos que inciden y determinan su evolución. Desde esta perspectiva, el directivo sin fronteras asume un papel y responsabilidad vitales en la reactivación del tejido empresarial y en el crecimiento de nuestra economía. Un papel que convertirá al directivo en el empresario del siglo XXI.
No cabe duda que, en un mundo globalizado e interdependiente, los directivos de hoy deben ser capaces de superar las barreras de las fronteras geográficas. Las nuevas oportunidades, ya sea en forma de mercados para vender o donde aprovisionarse, o ya sea para adquirir los nuevos avances tecnológicos, deberán buscarse en mercados diferentes a los que hoy conocemos. Superar las barreras de la distancia física o idiomática, exigirá, sin duda, renovar el modo de liderar las empresas con una visión global. Sin duda, las nuevas tecnologías facilitan este proceso permitiendo interactuar con cualquier parte del mundo: sólo se requiere curiosidad y una actitud proactiva. La amplitud de la naturaleza y alcance de los avances científicos exige unos directivos preparados para superar las barreras de las fronteras del conocimiento y no perder el paso de los avances tecnológicos. La evolución acelerada de acontecimientos, modelos y paradigmas que estamos viviendo se refleja en casi todos los ámbitos (científicos, tecnológicos, sociales y empresariales) y ello contribuye a despertar muchas incertidumbres sobre cómo acometer la transición hacia unas economías casi plenamente “digitalizadas” y prevenir sus consecuencias. Por tanto, para superar las fronteras del conocimiento es necesario, además de esfuerzo y espíritu emprendedor, un profundo conocimiento de los entornos y capacidad inteligente de asumir riesgos.
Finalmente, los directivos necesitan abrirse a la sociedad y asumir el compromiso de colaborar en la transformación de la sociedad. Los directivos deben ser “líderes desde el alma” y convertirse en agentes que inciden en la realidad social, evitando el desarrollo y crecimiento de las situaciones de corrupción, injusticia y desigualdad social. Dentro de las empresas, se pide a los directivos que apliquen valores éticos en su gestión. Hacia la sociedad, los directivos deben participar activamente en el proceso de transformación social, poniendo sus capacidades y conocimientos, en la medida de sus posibilidades, al servicio de entidades que trabajan en favor de los que más lo necesitan.
