Más pronto que tarde se sabrá. Correrá la voz, y cuando eso ocurra no habrá forma de parar la avalancha. El rumor provocará una tromba que desbordará las calles que rodean al Parlamento de Canarias. Es cuestión de tiempo. La bomba estallará en días, puede que en horas. En cualquier momento se filtrará que en la Cámara regional se sientan no menos de quince o dieciséis pokémon; y, sobre todo, que uno de ellos es un legendario, especial, único y excepcional, un mito, uno sin igual, difícil de encontrar, solo localizable en episodios sustanciales, capaz, y de ahí su condición de legendario, de influir en el folclore y tradiciones de los pueblos, villas y ciudades. Camino del Parlamento, cazadores procedentes de todo el planeta convertirán las calles de Santa Cruz en un sanfermín, en un oleaje de telefonía. En este punto, cabe preguntarse a santo de qué el lío o la sorpresa que ha generado el Pokémon Go. Millones de coleccionistas de acontecimientos llevan años cazando pokémon con los móviles. Forman parte del paisaje hace tiempo. Cientos de veces los hemos visto de cacería por aeropuertos, estadios o conciertos, cazando con sus teléfonos a famosos, cantantes o futbolistas. Más de lo mismo pero en japonés, y todos a la vez; ahora a la búsqueda de los pokémon y, especialmente, de los legendarios. Como pasa con uno que se sienta en el Parlamento, capaces de moldear espacio y tiempo, excepcionales, con habilidades exclusivas, dibujados para reaparecer una y otra vez donde se creía que ya no estaban, sumamente difíciles de vencer. La descripción nos lleva, sí o sí, a la Cámara regional. Ocurrirá. Se sabrá. Correrá la voz, y una avalancha de buscadores de legendarios interrumpirá un pleno para cazar con sus móviles a Antonio Castro.
Legendario
Más pronto que tarde se sabrá. Correrá la voz, y cuando eso ocurra no habrá forma de parar la avalancha. El rumor provocará una tromba que desbordará las calles que rodean al Parlamento de Canarias
