El sistema tiene unos estabilizadores potentes, mecanismos que llevan las tensiones económicas, sociales o institucionales a valores más o menos soportables. Reconstruyen sigilosa pero imparablemente los equilibrios anteriores. Resucitan interlocuciones tradicionales. Rearman el statu quo con la facilidad con la que se pueden reagrupar las gotas de mercurio que ruedan por el suelo cuando se rompe el termómetro. Estos días el bipartidismo está poniendo las cosas en su sitio, en el suyo, en el lugar donde el sistema las quiere. Poco a poco. Sin prisa. Sin pausa. Moviendo las piezas con sigilo, de puntillas, dejando que el ruido entretenga al gran público mientras ellos ajustan los hilos donde se juega a la política real. Las cosas en su sitio. Convergencia negociando. El PNV también. Como antes. Como siempre. Y Podemos enfriándose aceleradamente porque cuando se entra en el sistema la normalidad lo ocupa todo, dejando sin espacio los alardes de originalidad y mojando la munición escenográfica. No serán la oposición cool que hace el PSOE. Van a hacerlo de otra manera, sí. Serán más duros, vale. Dibujarán titulares gruesos, de acuerdo; pero en apenas unos meses han envejecido un montón de años. En el aire flota la sensación de que no son los mismos que entraron en el Congreso en diciembre. Otra actitud. Otro ánimo. Otras caras. Siguen sin digerir lo ocurrido. Hablando de Pokémon Go días atrás un amigo acabó diciendo Podemos Go. Pero no. No van. No go. Concurrieron como finalistas a la segunda vuelta de junio, pero no se han sobrepuesto al estancamiento de sus expectativas; y ya dentro, ya sistema, los estabilizadores están trabajando a destajo para que la nueva política sea vieja cuanto antes.
Podemos Go
El sistema tiene unos estabilizadores potentes, mecanismos que llevan las tensiones económicas, sociales o institucionales a valores más o menos soportables. Reconstruyen sigilosa pero imparablemente los equilibrios anteriores
