Han pasado siete días de las Elecciones Generales y para algunos ha terminado eso de recorrer las islas, los pueblos y las calles. A lo largo del pasado mes hemos visto venir de visita a nuestras islas a importantes personalidades políticas que normalmente no suelen acudir a vernos y a enterarse de nuestros problemas: excepto cuando se trata de pedir nuestro voto.
Es normal que sea así. No me malinterpreten. Los grandes líderes no pueden estar en todos sitios a la vez. Lo que no es normal es que en este país muchos políticos crean que la vida empieza y termina en Madrid y que la política, la mala política, haya terminado envenenando la vida nacional para la que sólo existen los problemas que afectan al poder central y sus equilibrios.
A lo largo de los últimos años, Coalición Canaria se ha enfrentado en desventaja a las Elecciones Generales. Los grandes medios nacionales han transformado la campaña en unas falsas presidenciales y han marginado completamente a las fuerzas políticas nacionalistas. A pesar de todo, hemos intentado explicarle a nuestros vecinos la importancia de tener voces independientes en el Congreso, diputados y diputadas nacionalistas canarias a los que nadie pueda mandar a callar en su insobornable defensa de nuestra tierra.
En esta campaña, Coalición ha vuelto a la calle. Una calle de la que nos había alejado el hecho de gobernar. Pero gobernar es servir. Y servir a nuestros conciudadanos significa estar con ellos, escuchar sus deseos y esperanzas y comprometerse en el trabajo por defenderlos.
Hoy, todos los medios nacionales hablan de la importancia de un voto. Un voto canario. El voto de un nacionalista de Nueva Canarias y el voto de Ana Oramas, de Coalición Canaria, pueden ser fundamentales para construir una mayoría en el Congreso. ¿Qué pasaría si en vez de un par de votos los nacionalistas tuviéramos media docena y un grupo parlamentario propio?
Un joven pasa a ser adulto cuando tiene conciencia de sí mismo. Cuando empieza a respetarse y a exigir a los demás que le respeten. Canarias es una tierra joven que debe considerar seriamente la necesidad de tener las herramientas suficientes como para que los poderes y las instituciones la tengan en cuenta. Tener un grupo canario propio en el Congreso es situar una representación de los españoles que vivimos en Canarias en el corazón del poder político, en la cocina de las leyes y los presupuestos y en el intestino de los poderes políticos y los pactos
Toda esa gente con la que hablamos, todos los hombres y mujeres de Tenerife con los que hemos hablado en esta campaña electoral, pueden ver ahora el mejor ejemplo de lo que personalmente le he dicho a muchos de ellos. Una imagen vale por diez mil palabras. Y la imagen de hoy es que han pasado las elecciones y estamos en la discusión de quién puede formar gobierno y con quién. ¿Y quién se acuerda de nosotros? Sólo los nuestros. ¿Quién dice que estará dispuesta a colaborar con un Gobierno para España siempre y cuando se tengan en cuenta los problemas de Canarias? Ana Oramas. Nuestra diputada.
Los demás partidos están centrados en sus estrategias y enfrentamientos, capitaneados por sus líderes. Su ocupación son los asuntos que preocupan en Madrid: el separatismo catalán, el juego de poderes electorales, las negociaciones para lograr la presidencia…. A los ciudadanos de Tenerife, que vivimos a mil y pico kilómetros de distancia, les preocupan esas cosas, pero también algunas más, como que se solucionen los atascos de nuestras carreteras, que se mejoren nuestros aeropuertos o que se den las condiciones económicas favorables para acabar con el paro que sigue castigando a nuestra isla. Y para arreglar todo eso sólo podremos confiar en una persona, Ana Oramas, que nos representa a todos los ciudadanos de esta provincia y que no obedece ni sirve a ningún otro interés que no sea trabajar por nosotros.
En estos días, en que se negocia la formación de un nuevo Gobierno, fíjense bien en quiénes se acuerdan de Canarias. Fíjense en quién exige soluciones y programas específicos para las islas. Tomen nota de quién se preocupa por nosotros y quien ya nos ha olvidado hasta la próxima elección, la próxima visita y las próximas promesas de voto. Y cuando vuelva a votar, dentro de algunos años, vote con ese recuerdo.
