el charco hondo

Amaneció a su pesar

Llegó el día que Rajoy nunca quiso vivir, el que siempre deseó evitar, la foto que pidió no hacerse, la derrota que no quería protagonizar.

Llegó el día que Rajoy nunca quiso vivir, el que siempre deseó evitar, la foto que pidió no hacerse, la derrota que no quería protagonizar. El día que Rajoy pretendió arrancar del calendario amaneció a su pesar, ya está aquí, echó a andar, existe, transcurre, sale en las noticias. Ni los inexplicables saltos de alegría del PP en la siempre penúltima noche electoral han evitado que hoy, a su pesar, haya salido el sol que iluminará la sesión de la que Rajoy saldrá caminando despacio, derrotado, peleado con la realidad que parecen no acabar de creerse -los saltos de la noche electoral se explican porque pensaron que el resto debía apoyarlos por imperativo legal; es lo que pasa cuando se sigue razonando como mayoría absoluta-.

El problema de Rajoy es el PP, y el del PP es Rajoy. El partido lastra al candidato y viceversa. El pasado reciente (y los juzgados que vendrán) encoge el margen argumental del PP, desautoriza el discurso de un presidente que llega a esta línea de salida con la lengua fuera, exhausto, con más bocas de agua que manos para taparlas. Su discurso de ayer fue más de lo mismo porque él ya solo puede ser más de lo mismo -nos reafirmamos en nuestra forma de gobernar, dijo sin desmayarse-. España necesita un buen PP, una derecha razonable. Tienen gente para reconstruirlo, pero éste PP está agotado. Si llega a gobernar (antes o después de fin de año) lo hará con calambres en las piernas, obligado a negociar lo minúsculo, sin recursos, condenado a cruzar sin cantimplora el desierto de una legislatura de recortes. Pierde Rajoy, y también el PSOE. No, a secas. Qué torpeza. Pudieron los socialistas demostrar sentido de Estado y sacar tajada: dos pájaros de un solo tiro. No lo hicieron. Hoy es el día que Rajoy no quiso protagonizar. Hoy es la votación que los socialistas nunca supieron aprovechar.

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