Casi medio siglo atrás, el poeta argentino Armando Tejada Gómez escribió la canción “Estamos Prisioneros carcelero”, inmortalizada por el cantor Horacio Guarany la cual sigue vigente, ante lo que ocurre en Venezuela, entre Leopoldo López y Nicolás Maduro.
En ella afirma: “Estamos prisioneros carcelero / yo de torpes barrotes / tu de miedo”. Barrotes torpes que encierran solo físicamente a López, mientras un miedo a las urnas y a su pueblo encierran a Maduro -cada vez mas un dictatorzuelo bananero que un presidente del siglo XXI-, cuando amenaza con repetir las purgas de Erdogan en Turquía pues no sabe lo que afirma el mencionado poeta argentino en esa canción: “Como el que se prende fuego / andan los presos del miedo / de nada vale que corran / si el incendio va con ellos”.
Miedo que ya es terror visceral en un Maduro que actualmente solo ve enemigos y conspiraciones en cada puerta, cuartel, comerciante o empresario y, especialmente, en cada político opositor y aquellos ciudadanos que acompañan a estos en sus reclamos, como el del revocatorio a su investidura presidencial.
Maduro está preso de su propio miedo -ya terror-, mientras López lo esta solo de torpes barrotes, por lo que este último, emulando al poeta argentino, visto lo visto por costas latinoamericanas y europeas puede afirmar que “muchos callaron cuando fui detenido / Vaya con la diferencia / yo preso ellos sometidos”. Sometidos por cobardía, complicidad o sobornos para sostener sus proyectos políticos totalitarios a ambos lados del Atlántico.
López, como tantos otros en Venezuela, sabe que esos barrotes caerán herrumbrados, o sus puertas las abrirán un pueblo venezolano deseoso de libertad para que el pueda caminar sin un miedo que, por siempre, acompañará a sus carceleros: Maduro y sus cómplices por acción u omisión.
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