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Mariposa olímpica

Más que sus medallas, a mí me gustan mucho los ojos azules de Mireia Belmonte. Mariposa olímpica, acaba con los calificativos de los cronistas de piscina

Más que sus medallas, a mí me gustan mucho los ojos azules de Mireia Belmonte. Mariposa olímpica, acaba con los calificativos de los cronistas de piscina. Ha ganado un bronce y un oro, el primer oro de la natación femenina española, por algo así como tres centésimas. España madrugó anteanoche para ver a su diosa voladora tocar, primero que nadie, el Omega de pared que marca los récords. Española de Badalona, lo primero que hizo, tras recibir el metal precioso, fue recoger una bandera roja y gualda que le entregó su padre y lucirla con orgullo en su paseíllo torero por el borde de la pileta. Mucho español emocionado, mucha lágrima en el corazón de Río de Janeiro. Mireia sonreía y lucía sus ojos azules llenos de emociones y de recuerdos, localizando en la grada a sus seres queridos. Ha sido nuestra heroína en estos Juegos difíciles, que están llenos de mala suerte para nuestras aspiraciones olímpicas. Pero da igual, tenemos que conformarnos con las excepciones que lo quieren ganar todo. No hay mal fario que dure eternamente. Mientras unos -como los del baloncesto masculino- hacen el ridículo, otras logran que suene el himno de España subidas al centro del podio en ese Brasil arruinado que ha organizado unos Juegos más bien cutres. Maná no podrá cantar a Mireia su mariposa traicionera, porque la joven de los ojos azules llenos de lágrimas no ha traicionado a nadie, sino que ha cumplido como la mejor. Tiene 25 años, le quedan unos pocos en la piscina y luego a formar a las nuevas generaciones para que la imiten. Esta joven vale muchas medallas olímpicas; de momento tiene cuatro. Ha pasado a la historia, ya es un mito. Y tenemos falta de mitos en este desmembrado país.

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