El diputado italiano Sciascia, ya fallecido, era un rudo siciliano con partido propio, que dijo de Italia que era “un país sin verdad”. Leyendo Historias de Roma de E. González descubrí que los romanos tienen una frase popular que viene a decir que en “Francia y en España da igual todo con tal de que se coma”, lugares donde el poder se vive como algo transitorio y absolutamente ajeno.
España vive amalgamada entre un sinfín de almas y territorios pactados e irresueltos en los que algunos virreyes de las autonosuyas han mordido hueso y no sueltan ni locos, les encanta campar a sus anchas y de vez encuando tirarse algún que otro farol; contra España y contra los partidos que les han dado un apellido, un puesto en la sociedad, y los han amamantado y creado. Suma y sigue, la partitocracia nos ha llevado a crear una peculiaridad muy nuestra, por aquí; el poder y el gobierno de la nación se cocinan tras los aparatos de los partidos, un enjambre de organos y trepas, que son a su vez los que trastean con los poderes del dinero, dicho lo que, tenemos lo que tenemos.
Cuatro cholas que si acaso mandan en su mesilla de noche y a los que les encanta hacerse mecer por una prensa que salvo honrosas excepciones vive de la misma tramoya; unos contratados, otros vendidos y el resto alquilados a tiempo parcial, el caso es tenernos distraidos.
Siga multiplicando y no pierda de vista lo de aquellas funciones exponenciales, lo de los poderitos se reproduce por esporas, aunque no lo crea en los partidos se pelean por llevar lo pynes o por cargar la pancarta para que las estrellas las luzcan, una especie de corte de los milagros, en la que hay quien para pillar espacio es capaz de crear comisiones tales como; los defensores del bien, la izquierda socialista -retruécano de libro-, o los de “si te he visto no me acuerdo”, el caso es dar codos para hacerse sitio, no hay sino que ver como se colocan algunos ante las camaras para las fotos o como sonrien otros a pesar de la cirrosis partido interna o las piedras en el alma por la traición del compinche, dramático.
Y, así, pasa la vida y no has notado que has vivido, tus ilusiones y tus bellos sueños, todo se olvida. Pasa la vida, igual que pasa la corriente cuando el río busca el mar y yo camino indiferente donde me quieran llevar.
Y pasa la gloria, nos ciega la soberbia, pero un día pasa la gloria, y ves que de tu obra ya no queda ni la memoria.
Es evidente el recelo existente con todo, entre todos, y, de suyo con un poder que vive surto en la enemistad eterna. No olvido la debilidad o inseguridad del gobierno central de España parapetado tras el poder del Constitucional, caso de existir, y no pierdo de vista la maraña burocrático funcionarial que es absolutamente insufrible, en un sistema oscuro y lleno de trucos para el disfrute de una cuerda de espabilados, autoritariamente incomprensible para el vulgo.
A decir verdad es que sin alma o algo que se le parezca, la vida pasa de ser un mundo de coloridos creyones a ser un lugar en el que solo subsisten toda clase de grises, con tendencia a marengos. Recurro una vez más a la “Letanías de nuestro Señor Don Quijote” de Rubén Darío: “¡Ruega por nosotros, hambrientos de vida, con el alma a tientas, con la fe perdida, llenos de congojas y faltos de sol; por advenedizas almas de manga ancha, que ridiculizan al ser de la Mancha,
el ser generoso y el ser español!
¡Pónganse a trabajar para las personas que empiezan a detestarlos y olviden a la clá que ya está bueno!
