Hace unos días mientras leía una reflexión interesante sobre la vida y la posibilidad de experimentar la felicidad frente al sufrimiento, recordaba entonces algunas expresiones que me llaman la atención, ya que relacionan la vida con un proceso de sufrimiento constante: total aquí venimos a sufrir… No vienen dos sin tres… (refiriéndose a las situaciones negativas), esto es un camino de lagrimas…
Hace unos años cuando leía el libro de Russ Harris: Las Trampas de la Felicidad donde el autor afirmaba la tendencia de nuestra mente a producir pensamientos negativos. En torno al setenta por ciento de los mismo, decía el autor que eran negativos. Esto dibuja un panorama poco alentador donde ser feliz se nos dibuja como un imposible.
Existe una tendencia a entender que debemos de afrontar el sufrimiento como algo natural en nuestra vida, algo a lo que tenemos que acostumbrarnos y claro dejarlo ahí, latente. Esas ideas negativas que produce nuestro cerebro, esos momentos pasados, todas esas vivencias y situaciones que nos impiden ser felices, ¡no les hagas caso! Por lo tanto ya no nos hace daño y las dejamos dormir.
Para mi y coincido con el filósofo y budista Matheu Ricard en su obra “En defensa de la Felicidad” quien nos dice que el sufrimiento debe de abordarse, superarse y entonces conseguiremos ser felices, el entender que la vida es sufrimientos solo nos aporta un visión de la vida desde el déficit. Por el contrario, si entiendo que mi vida es una lucha constante contra todas aquellas ideas que me propone mi mente, que debo de transformar potenciando al mismo tiempo las emociones positivas como fuente de arranque de la construcción y transformación de mi vida, en palabras de la propia Barbara Frederick dentro de su modelo que nos presenta en la obra: Vida positiva.
El percibir la vida de dos formas tan contradictorias, por un lado entendiéndola como un camino lleno de espinas o por el contrario viéndola como una posibilidad de cambio constante aporta un sin fin de posibilidades diferentes a nuestra manera de vivir.
Si acudimos a nuestra parte más biológica como personas entendemos que somos seres programados para la supervivencia, que evitamos el dolor y que nos anclamos a esa afirmación a través del miedo, como fuente de evitación constante. Esto nos dibuja un panorama poco alentador si entiendo que mi vida es un constante sufrimiento. Claro que bajo esta perspectiva el camino más cómodo es no afrontar y evitar. Eso hace que la vida se transforme en una huida constante, en un proceso de evitación, donde el miedo se transforma en un lastre constante, ese miedo que como un manto lo va cubriendo todo poco a poco.
Si por el contrario, percibes la vida como una oportunidad de crecimiento, donde tu actitud positiva va a jugar un papel fundamental en lo que piensas, sientes o haces. Si potencias un cambio hacia el optimismo, descubriendo una oportunidad en el cambio. Evidentemente, como siempre te propongo, entendiendo que cada uno ajusta sus cambios a su persona y sus posibilidades de construcción, a sus metas. Entenderás que la vida es una posibilidad de crecimiento constante. ¿Te atreves?.
*Psicólogo y miembro de la Sociedad Española de Psicología Positiva
