Esta semana pasada me quedo con dos cosas. Una, con el llanto de Caco Senante, después de haber sido reivindicado por la Audiencia Nacional. Caco dice que algunos, en su propia tierra, se alegraron de las acusaciones injustas contra él, que han quedado definitivamente borradas ya de su vida. Esta tierra endogámica y estúpida, pequeñita y falaz, no perdona, amigo. Yo vengo hablando hace años de los poderes ocultos, pero nadie me hace caso. Hasta el punto de que me considero un fracasado como periodista, profesión de mierda de la que habría tenido que salir hace muchos años. Ahora sería rico; y soy más pobre que las ratas. También me quedo con una frase de Christian Gálvez, el joven presentador de Pasapalabra: “En los Estados Unidos no perdonan a los perdedores y aquí no perdonamos a los ganadores”. Completamente cierto y lo enlazo con el cuento de los cangrejos de Miguel Zerolo. Había un cubo con cangrejos en una playa de Canarias; todos querían abandonar el cubo y regresar al mar; pero no fueron capaces de organizarse y murieron, agotados, víctimas de sus propios esfuerzos por abandonar el cubo. En una playa de los Estados Unidos se produjo la misma situación. Inmediatamente uno de los cangrejos tomó el mando, se convirtieron en escalera y fueron saliendo. Al último que quedaba le tiraron una cuerda. Todos llegaron al mar. No sé si el cuento será exactamente así, pero parecido, desde luego. Estamos viviendo sobre el terreno pantanoso de la envidia, de la falta de formación y de la ausencia de ideas. Al que triunfa hay que matarlo, como a Caco. Como al mismo Zerolo. Yo me tenía que haber ido de aquí hace muchos años; ya es demasiado tarde. Ni siquiera he logrado que me pongan los nombres de mis artículos en negritas.
Ganadores y perdedores
Esta semana pasada me quedo con dos cosas. Una, con el llanto de Caco Senante, después de haber sido reivindicado por la Audiencia Nacional
