después del paréntesis

Pornografía

Está retenido en prisión por (supuesta) colaboración con el ISIS

Está retenido en prisión por (supuesta) colaboración con el ISIS. El juez se ve obligado a demostrarlo, dadas las pruebas que la policía aporta. De manera que se sentó frente al magistrado, oyó y se defendió: “¿Cómo voy a ser yihadista si veo pornografía?”, dijo. La excusa del detenido se basa en la moral. Pero lo que consuena en la sala no es la firmeza religiosa de quien de ese modo se pronuncia, sino de quien lo juzga, que es cristiano. Ahí la constatación: los que confirman el placer por los registros marcados (eso que se nombra decoro) y asignan obscenidad a lo que los supera.

El muchacho árabe ratifica, porque vive entre nosotros, eso que nos condena: tapar. El mundo, lo sabemos, no es del todo así. Por ejemplo, en civilizaciones supremas, como la maya o la azteca, la iniciación sexual y el sexo mismo eran públicos, formaban parte de la vida y de la esencia, hombres y mujeres. Luego, ellos en su lugar nosotros en el nuestro. Es decir, podemos analizar. Así, una vez abatido y muerto Bin Laden se encontraron en el ámbito de su intimidad libros de variada estampa (algunos occidentales) y una colección considerable de material pornográfico. Eso acarrearía extrañeza, dado quien fue. Y no tanto; más bien nos lleva a deducir lo que rige a estos individuos en apariencia contradictorios. La envergadura del placer dicho lo es en tanto sienten y se proyectan en gozo. Pero se descubre otro rigor: el machismo exacerbado de esos sujetos, perceptores de lo que en satisfacción los mueve. Es fácil colegir, entonces, cómo anda montado su corolario: en el seno de sus creencias, en la conformidad de las severas leyes que se imponen, la mujer en su lugar, cuerpos tapados hasta el extremo y negación de lo que ellos añoran en las prácticas eróticas de otros. El fundamentalismo asienta las bases en la exclusividad, el control de las prácticas, la asunción sin fisuras de los preceptos y cánones y la sustancia del poder con esas condiciones. Dentro de sus filas, claro; fuera los perjuros a los que hay que perseguir y matar. Mas el macho encarna el fundamento de sus banderas. Por eso la pornografía no forma parte de su prohibición; en el mundo de los cristianos sí, en el de ellos no. En las fauces de los enemigos, que jamás tendrán premio, esas prácticas son la excepción; forman parte de su paraíso. La guerra final que proclaman contra Occidente se perpetúa. Las actrices de ese género acaso sean las únicas que confirmen su perdón.

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