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Un país de rufianes

España es un país de rufianes y no hace falta que un tal Rufián trepe como un mono a la tribuna del Congreso, por mor de la democracia en la que él no cree, para dar una exhibición de barbarismo parlamentario y para corroborar que aquí existe la rufianesca

Los clásicos lo contaron, por activa y por pasiva. España es un país de rufianes y no hace falta que un tal Rufián trepe como un mono a la tribuna del Congreso, por mor de la democracia en la que él no cree, para dar una exhibición de barbarismo parlamentario y para corroborar que aquí existe la rufianesca. Ni que una jauría de chillonas insulten, llamen putas y escupan a dos dirigentes de Ciudadanos, Begoña Villacís y Marta Rivera de la Cruz, que estas sí que son demócratas, no las que lanzan lapos a las puertas de la cámara. Menos mal que no somos Venezuela y que esta izquierda sucia y ramplona no va a llegar nunca al poder real, porque en este país queda un resto de sensatez y de decencia que lo va a impedir. Como se lo impidió a Pedro Sánchez, que era más un agente secreto de Podemos que un secretario general del PSOE. Es terrible, pero es así. Circula por las redes el plan secreto de Podemos de supresión del Ejército y de la Guardia Civil y hasta del propio Ministerio de Defensa, al que quieren convertir en otra cosa, a las órdenes de Julito el Rojo, un militar al que se le ha ido la olla y que gana menos elecciones que Pedro Sánchez, o sea, ninguna. En este país de rufianes comienza Sánchez la Vuelta a España, en la que me da que no va a ganar una sola etapa. No va a tener ni público. Confieso y lamento que el panorama no sea nada halagador, pero de otras peores hemos salido con éxito. Porque este será un pueblo de rufianes, que lo es, pero de vez en cuando sale un genio de la lámpara que soluciona los problemas, incluso en el PSOE. Tengo ganas de saludarlo.

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