Compartir o consumir, tu decides

Estarás de acuerdo conmigo en que uno de los valores fundamentales que tiene la Navidad es el compartir

Estarás de acuerdo conmigo en que uno de los valores fundamentales que tiene la Navidad es el compartir. Bajo ese elemento fundamental de toda comunidad se fueron forjando estas fiestas donde las personas se reunían entorno a una mesa para compartir con los allegados una noche importante para los cristianos o, en otros casos, el inicio del equinoccio de invierno. Pero no es menos cierto que el consumismo se ha apoderado de esa idea, transformando una fiesta del compartir en una del consumir.

Coincidirás conmigo que, si cambiamos el objeto central de las fiestas, todo lo demás se desvirtúa y termina transformándose en esas situaciones generadoras de estrés y tristeza. Ese estrés que, sin duda, estás experimentando hoy o has experimentado a lo largo de este mes cuando has salido a buscar algún presente o, incluso, te sientes con la responsabilidad de organizar una cena especial en tu casa.

Ciertamente todo esto nos supera en ocasiones ya que volcamos todas nuestras energías en las formas y, quizá, nos olvidamos del fondo por las prisas y la rutina. Como suelo decir, tal vez debemos poner primero esa mesa más interior donde lo ideal es cuidarte y disfrutar de cada momento que estás viviendo.

Es importante, por tanto, que dediques tiempo a gestionar tu estrés. Planifícate, pide ayuda a los demás, transforma tu mesa en un compartir y divide responsabilidades entre los que compartís la ocasión. Realmente ése y no otro es el objeto final de estos días.

Además es aconsejable que valores cada cosa en su justa medida, entendiendo la suerte que tenemos de estar rodeados por las personas que queremos, aunque en ocasiones nos disgustemos y se generen conflictos sin sentido. Por ello es bueno que potencies elementos importantes como el perdón, puesto que si eres capaz de desprenderte de esas pequeñas rencillas entre tú y las personas relevantes de tu vida, sin duda te sentirás mejor. Es evidente que siempre hay alguien con el que discrepas, con el que tienes problemas pero el volverte intransigente no soluciona nada y, lo que es peor, sin darte cuenta puedes ser tú mismo el elemento distorsionante en todo este proceso y no ser un facilitador de felicidad en cada momento.

Lo ideal es que centres todos tus esfuerzos en cuidar mucho el entorno personal de todos aquellos que están contigo, fomentando un ambiente de cordialidad y tranquilidad. Como te comentaba al principio no debemos perder el objeto de cada cosa, traspasando las formas y centrándonos en el fondo. Eso implica que te transformes en un elemento potenciador de cambios, que no seas un obstáculo sino un facilitador de esa felicidad compartida y generadora de momentos felices. Precisamente es esta idea el pilar fundamental para transformar una Navidad individualista y estética en otra llena de sentido y de riqueza emocional.

*Psicólogo y miembro de la Sociedad Española de Psicología Positiva

TE PUEDE INTERESAR