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La batalla en la izquierda

Las elecciones generales de hace un año originaron un escenario político español novedoso, un nuevo formato de nuestro sistema de partidos, que dejó de ser bipartidista y pasó a ser multipartidista

Las elecciones generales de hace un año originaron un escenario político español novedoso, un nuevo formato de nuestro sistema de partidos, que dejó de ser bipartidista y pasó a ser multipartidista. Este multipartidismo se concreta en la irrupción en el sistema de dos partidos más con un número significativo de votos y diputados, uno en el centro derecha y otro en la izquierda radical. Y, a diferencia del centro derecha, la situación que ha cristalizado en la izquierda es absolutamente distinta a la anterior. Podemos es una fuerza política marxista leninista heterodoxa, trufada de troskysmo, de populismo y de aventurerismo político, que ha canalizado las tendencias anarquistas y antisistema de un sector de la sociedad española, desarticulado y sin referencias ni tradiciones democráticas. No en vano el anarquismo y el anarcosindicalismo han sido componentes importantes de nuestra política hasta la última guerra civil. Y parece que vuelven a serlo. La fuerza de Podemos está en el desorden y en la agitación callejera, y, según cabría esperar, no concibe las instituciones democráticas como un fin en sí mismas, sino como instrumentos de usar y tirar, útiles para asaltar el poder, pero cuya legitimidad solo reconoce en el medida en que sirvan a sus fines. El marxismo y la democracia son agua y aceite.

A diferencia de Ciudadanos con el Partido Popular, Podemos está disputando con éxito a los socialistas la hegemonía de su espacio político, al que han incorporado a los nacionalistas independentistas. Ya han destruido e integrado a Izquierda Unida, y ahora han herido gravemente al Partido Socialista, al que le han provocado una crisis de consecuencias imprevisibles. La entrevista de Pedro Sánchez en La Sexta fue la firma de una rendición, una rendición representativa de aquellos sectores socialistas que se reconocen en Podemos, que no lo conciben como una amenaza y que consideran inevitable una confluencia con Pablo Iglesias y su gente. Y para conseguir eso quieren recuperar el control del partido. La indefinición ideológica y el confusionismo táctico y estratégico de los socialistas, patente en los socialistas canarios, por ejemplo, los está llevando al borde del abismo. Desde el infantilismo político no se puede construir ningún proyecto serio.

La batalla por la hegemonía en la izquierda española es la batalla en la que nos jugamos nuestra democracia. Y no es seguro que la vayamos a ganar.

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