Vivimos tiempos de cambio que atribuimos al populismo, a la globalización, a la revolución tecnológica, la desregulación financiera, la deslocalización industrial, las cargas sociales en los países avanzados con ingresos fiscales en declive, las migraciones, el islam, la natalidad. En Europa hemos perdido las referencias, que valoramos hoy bajo el título de Microrrealidades. Abordando el significado de la verdad, el machismo, el mecenazgo, la escuela y el pensamiento. Elementos que expresan las decisiones de una sociedad que ha preferido refugiarse en su incapacidad de asumir riesgos, trasladando su libertad a un sistema sin liderazgo. Éste funciona en doble vuelta, tomando decisiones complejas, que se deciden emocionalmente.
Hemos entrado con ello en la posverdad, en el pensamiento líquido, en la poseducación, en el micromachismo y el micromecenazgo. En estos fenómenos se traslada la carga de la decisión a elementos no sustanciales. En la posverdad para la opinión pública los hechos son menos importantes que la apelación a la emoción. Mentira, estafa o falsedad se encubren en lo políticamente correcto. Fragmentan a la ciudadanía, que se cambia por territorios y patrias. El poder construye conscientemente la posverdad, gobierna con un pueblo virtual. Con el micromachismo, se penaliza la presunción de género, las violencias de pequeña intensidad, el maltrato psico-emocional, físico, sexual o económico de quienes suponemos imponen superioridad. Violencia blanda que evita entrar a abordar el tema en su base. Que está en la familia y en la escuela. Así esta semana hemos visto los resultados del PISA 2015, donde la OCDE evalúa cada tres años. España ha mejorado un poco, situándose un punto por encima de la OCDE. Con sus mejores regiones, Castilla y León y Madrid, por encima de Alemania. Andalucía y Canarias, en la cola, al nivel de Turquía y Chile. Los factores del éxito, dice el PISA, están en la autonomía y dirección del centro, la implicación de los padres, la rendición de cuentas externas, la exigencia del profesorado, la paz social en la comunidad escolar, la unidad de valores y de idioma, en el refuerzo al atraso y la diversidad.
Un ejemplo singular, Japón, con una ley educativa de 1947, país con un gasto PIB del 3,4%, inferior al 4,4% de España y media de la OCDE. Con clases de 40 alumnos, donde se enseña desde niño con objetivos sociales antes que individuales, perseverancia y trabajo duro. Ambos sexos iguales, barren y limpian el colegio. Se priorizan valores morales, actitudes y personalidad.
Completamos el cuadro, con fenómenos como el animalismo, donde dotamos de alma a cualquier ser fuera del género homo. Con el micromecenazgo, derivamos el apoyo a la cultura en cuestiones menores, sin abordar su marco sustantivo. Las microrrealidades se han apoderado del sistema, sin valores, sin proyecto y sin libertad.
