Cualquier aficionado a la saga StarWars sabe que George Lucas, en 1977, comenzó a contarnos la epopeya galáctica por la mitad, es decir, por el cuarto capítulode una historia que, hasta ahora, tiene siete. Hubo que esperar 22 años para ver cómo comenzaba todo, y 38 para averiguar cómo continuaba. Para complicar un poco más el rompecabezas, “RogueOne”, estrenada hace cuatro días, vendría a ser algo así como el episodio 3’5, el que va entre “La venganza de los sith” y “Una nueva esperanza”. Pero no importa: se vean en el orden en que se vean, al final todo cobra sentido y el intelecto es capaz de ordenar los acontecimientos narrados desordenadamente, o con décadas de distancia entre ellos, como parte de un todo.
Algo así sucede cuando alguien pone en marcha un proceso de coaching: en su mente hay una maraña de información a menudo confusa: emociones, juicios, creencias, interpretaciones de los acontecimientos y datos que la persona misma inventa para poder dar continuidad al relato que se cuenta sobre lo que le sucede. La misión del coach consiste en ir cogiendo esa madeja a medida que sale de la boca del clientey desenmarañarla a base de preguntas.
El esquema es en apariencia sencillo: ¿a dónde quieres llegar? ¿Dónde estás ahora con respecto a eso que deseas conseguir? ¿Qué vas a hacer para “moverte” desde el estado presente al estado deseado? Lo complejo es desarrollarlos pasosque necesita el cliente para ponerse en marcha con un plan de acción motivador.
No olvidemos que “RogueOne” es lo que en lenguaje cinematográfico se denomina un “spin-off”, una historia derivada del relato original. La clave del coaching acaso esté en descubrir qué está haciendo que el cliente confunda los relatos secundarios de su vida de aquellos que son esenciales para alcanzar sus metas.
