Armado con un cuchillo, un chaval de Alicante apuñaló a cinco compañeros de estudios esta semana. Según sus profesores, es un chico con un expediente académico “brillantísimo”. Es, además, un joven que tenía que soportar algunas “bromas” por parte del resto de la clase por ser un empollón. Dicen, también, que era introvertido.
Escribo este texto cuando el agresor está aún pendiente de que los especialistas determinen cuál es su estado mental. He escuchado la opinión televisada de una psicóloga: asegura que, aunque el chico sufriera el acoso de sus compañeros, “no es razón suficiente para una reacción tan desproporcionada”.
Seguro que ella sabe más que yo. Pero también es evidente que yo he visto más casos de acoso que ella. El bullying es un infierno para el que lo padece, literalmente. Una víctima de acoso escolar desea que el mundo se abra bajo sus pies y lo engulla. Pero no. El mundo sigue ahí y los insultos y los desprecios no cesan.
Y no hay insultos graves y leves, acosos soportables e insoportables. Lo que hay son personas con una sensibilidad concreta, que interpretan los hechos según su sentir y que pueden vivir una broma pesada como un drama. Un drama que se repite día a día. Día a día. Día a día. Y cuando no se está repitiendo, ya se encarga la mente de emitirlo en diferido.
Hoy es el domingo de las Bienaventuranzas, que son el programa de vida que propone Dios a los hombres. Ser pobre en el espíritu, que es ser consciente de las propias limitaciones y no caminar sobre los demás. Ser manso, buscar el encuentro y no el enfrentamiento. Llorar, si es preciso, por añorar la verdad. Tener hambre y sed insaciables de justicia. Ser misericordioso, con un corazón capaz de compadecerse de los demás. Ser limpio de corazón, limpio de intenciones. Trabajar por la paz, aceptar ser perseguido por ser justo.
Una sociedad comprometida con estos valores es un ecosistema de libertad y progreso. De crecimiento personal y comunitario. Es un escenario que sólo surge con el trabajo de todos. Especialmente, de aquellos que no tiran la toalla al experimentar que se trata de una utopía que se hace realidad en el día a día de quienes lo intentan porque no saben que es imposible.
¿Imposible? No. No si es Dios quien anima el caminar. “Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa”, dice Dios. No invita al masoquismo nuestro Señor, sino a la experiencia. A abrirse por entero a la presencia de Dios, que levanta el mundo con cada gesto de los bienaventurados. Bienaventurado Jorge, el chico de La Guancha, que convirtió su odio por ser acosado en creatividad y compañerismo. Bienaventurados los que le han apoyado en ese vídeo que ya se ha hecho viral.
@karmelojph
