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Más viejo que Tutankamón

Si mal no recuerdo, Antonio Ángel Castro Cordobez ayudó a Tutankamón a construir las pirámides que fueran, en el antiguo Egipto

Si mal no recuerdo, Antonio Ángel Castro Cordobez ayudó a Tutankamón a construir las pirámides que fueran, en el antiguo Egipto. Cuando recibió la primera comunión, de almirante, ya era cargo del Gobierno de Canarias, no sé si consejero de Obras Públicas. Ahora, tras toda una vida chupando del bote, Castro Cordobez, no contento con ser parlamentario de a pie -porque ya no disfruta de coche oficial-, quiere convertirse en diputado del común, un cargo que probablemente no sirve para nada sino para disfrutar de una senectud gandula y para evitar ir en taxi.

Y está desplegando su encanto personal para que nadie ponga pegas a su acceso al cargo, que le viene a huevos: vive en La Palma, sede de la institución; puede enchufar a sus paniaguados, como hacía el señor don Blas en los tiempos de la Oprobiosa; y termina así su vida política -o eso creemos, porque le falta el Consejo Consultivo, otro dechado de virtuosos trabajadores, y la Audiencia de Cuentas, que cada vez fiscaliza menos y peor-. Como a Fernando Clavijo el rebaño se le ha sublevado en Fuerteventura, La Gomera, El Hierro, Gran Canaria (donde no le quedan sino cuatro cabras), y en Lanzarote es un rebaño ilegal, y eso, pues no quiere que en La Palma se le disperse el ganado por la Caldera. Y apoya a Castro Cordobez para diputado del común, que es un puesto lleno de sueldos y dietas, como lo es el del invisible comisario para la Transparencia, puesto que ocupa un godo porque ya no hay canarios. En fin, que a Antonio Ángel lo veo yo sentado en el sillón del cargo, más feliz que el Pupa, disfrutando de las mieles de un retiro inigualable. Es el pago a toda una vida chupando del biberón.

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