La imagen repetida de los primeros días de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos lo presenta firmando sin parar órdenes ejecutivas, que luego enseña a la cámara. Se trata de órdenes que materializan sus promesas electorales, con lo que, a las habituales -y, en gran parte, merecidas- críticas que suscita el personaje, hay que unir el no menos merecido elogio de que está cumpliendo su programa y no ha engañado respecto a sus intenciones; lo que, en los tiempos que sufrimos, es un valor político muy escaso y muy estimable. Una de estas promesas se refiere al ya famoso muro en la frontera mexicana, sobre el que se han dicho y escrito demasiados disparates e inexactitudes. Hay que aclarar que ese muro ya existe y ha sido promovido por todos los presidentes desde los tiempos de Clinton, incluyendo a Obama. Entre otras cosas, porque en esa frontera se une a la inmigración ilegal el todavía más problemático tráfico masivo de drogas, una de las señas de identidad de la corrupta, desarticulada y peligrosa sociedad mexicana. Están construidos casi dos mil kilómetros, y habría que completar unos mil y algo más, resolviendo dos problemas. Un primer problema sería que en esos tramos no construidos proliferan accidentes geográficos que obligarían a complejas soluciones de construcción. Un segundo problema es la propiedad privada de muchos terrenos cercanos, porque la propiedad privada está infinitamente más protegida en los Estados Unidos que en España. No se entienden las críticas españolas al muro cuando mantenemos unas vallas similares en Ceuta y Melilla. O las críticas de Grecia y la Unión Europea, que han pactado con Turquía que inmovilice en su territorio a los inmigrantes. El propio México ha erigido vallas en su frontera sur. Y Obama ha sido el presidente que más inmigrantes ilegales ha deportado: 2.750.000. Porque la solución no está en la aceptación masiva de la inmigración ilegal, que es inasumible, sino en la estabilización de sus territorios de origen y su reubicación en ellos. Lo condenable en Trump es su falta de respeto a los mexicanos y su amenaza de que pagarán el muro por construir, una bravuconería no tan irreal si tenemos en cuenta que el ochenta por ciento de las exportaciones mexicanas tienen por destino el poderoso vecino del norte. “¡Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos!”, dicen los mexicanos. Pero esa es otra historia.
El muro
La imagen repetida de los primeros días de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos lo presenta firmando sin parar órdenes ejecutivas, que luego enseña a la cámara
