opiniÓn

La desigualdad

En el Discurso sobre el origen y fundamentos de la Desigualdad entre los hombres, planteaba, ya en 1754, Jean Jacques Rousseau el problema de la desigualdad, cuya corrección ha presidido el discurso de las revoluciones sociales y políticas desde entonces.

En el Discurso sobre el origen y fundamentos de la Desigualdad entre los hombres, planteaba, ya en 1754, Jean Jacques Rousseau el problema de la desigualdad, cuya corrección ha presidido el discurso de las revoluciones sociales y políticas desde entonces. Stiglitz (Nobel 2001), Krugman, Pikkety, Agnus Deaton (Nobel 2015) han venido reflexionando sobre la desigualdad en los países desarrollados. El modelo sociopolítico europeo consagró la socialdemocracia como el sistema político más igualitario, aun cuando su imposible mantenimiento ha producido modelos como el sueco, que ha derivado a un sistema liberal. En la teoría tradicional, el capitalismo de libre mercado sin Estado generaba desigualdad, consecuencia del desequilibrio entre rentas de capital y de trabajo, que sólo el Estado corregía.

En la globalización todo ha cambiado. El Observatorio Global de la Actividad Emprendedora acaba de publicar sus datos de actividad para la UE-28, soportado en el ratio de número de emprendedores por población activa. En Europa tres grupos: el primero con 10%-13% de ratio, incorpora a Letonia, Estonia, Lituania, Eslovaquia y Rumanía; en el grupo 2, del 8,5%-9,6%, Holanda, Austria, Polonia, Hungría, Portugal y Reino Unido; y el grupo 3, con ratio del 4%-7%, Alemania, Francia, Italia, España, Bélgica, Dinamarca, Eslovenia. Conforme evolucionan las socialdemocracias, se va reduciendo el ratio de emprendeduría, asociado al incremento de los impuestos y la complejidad de gestión. Lo curioso de este darwinismo social es que viene producido por el propio Estado, cuya obligación debiera ser la contraria. Se exige al Estado asegurar “igualdad de oportunidades y de esfuerzos”. La primera le obliga a apoyar las condiciones de partida de todos, familia y escuela. Y en la segunda asegurar el desarrollo e incentivar el mérito. Serán la eficiencia y el crecimiento quienes corrijan la desigualdad. Asegurar la movilidad social para crecer y crear empleo. Los nuevos Estados sobredimensionados siguen invadiendo competencias civiles, derivando en lo que alguien ha llamado “dictaduras blandas”. Generan por sistema nuevas necesidades, ajenas a su finalidad propia, que requieren más recursos e impuestos.

Algunos datos para España. Susana Díaz reclama para las autonomías homogeneizar los impuestos hacia arriba, porque Madrid le hace competencia fiscal desleal. Los sindicatos reclaman reducir a 35 horas el horario de los funcionarios, el más bajo de Europa. Se propone el salario básico de 426 euros, con 12.000 millones de euros al año, imposible de asumir y, lo que es peor, traslada a lo público otra obligación de la sociedad civil. Falso igualitarismo, que nos aleja de la “igualdad de oportunidades y esfuerzos”. Superar la crisis obliga a reducir el peso del Estado sobredimensionado, sin lo cual no es viable ni la sanidad ni las pensiones. Liberar y primar la actividad del emprendedor, con menos impuestos y trabas administrativas. También lo vemos en Canarias.

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