superconfidencial

La vida de uno mismo

A medida que va creciendo el número de tomos con mis artículos encuadernados, yo envejezco. No vean a la velocidad con que se estiran esos libros en la biblioteca

A medida que va creciendo el número de tomos con mis artículos encuadernados, yo envejezco. No vean a la velocidad con que se estiran esos libros en la biblioteca. Muchas veces me leo y soy incapaz de recordar con detalle las cosas que he contado. He cantado a una vieja mesa y lo que ella encierra en sus maderas y he contado un partido de fútbol. Todo vale, todo hace historia, todo cuenta la vida de uno. Es, ni más ni menos, que la grandeza de la crónica, que puede salirte de un tirón o se te puede trabar y debes entonces hacer ímprobos esfuerzos para desenredarla. El artículo es, no lo duden, un género periodístico, difícil pero ligero, que alguien, creo que Umbral, bautizó como “el puto folio”. Y vaya que si es puto el folio. El escritor demuestra su arte y su estilo y sus reflejos en la crónica, que es la madre de los periódicos de cada día que pasa. Han transcurrido muchos desde que yo, en 1970, siendo un jovencito de 23 años, me inicié en esta locura de escribir todos los días y varias veces al día, sin solución de continuidad. Las estanterías se van apandando con los tomos, perfectamente alineados y eso es como la vida de uno cuando, vencido por el peso de los años, se empetuda, se encorva y se va al hoyo. La crónica es la vida de uno mismo, la historia propia. A la mayoría les pasa desapercibida su vida ante los demás porque no tienen la desgracia o la fortuna de dedicarse a esto. A unos pocos nos ata tanto la escritura que perdemos el pudor y nos desnudamos cada día ante miles de personas, sin siquiera sentir ya vergüenza. Quizá porque yo nunca la tuve.

TE PUEDE INTERESAR