El truco viene de lejos. En infinidad de contratos las condiciones se recogen con una letra tan pequeña que resulta difícil leerla cómodamente, provocando así el cansancio, la desatención o incluso la impaciencia del cliente que acaba firmando sin terminar de leer, a ciegas. La utilización de la letra pequeña en los contratos se inspira en buena medida en esos trucos de magia en los que nos despistan con determinados movimientos o elementos de distracción, logrando así el prestidigitador que no nos fijemos en lo sustancial. En los contratos, en los juegos de manos o en la política (de aquí o allá) la letra pequeña puede resultar oportunamente mágica.
El Gobierno, el de allá, debidamente acompañado por una orquesta de bombos y platillos, se comprometió el 28 de octubre a rescatar del siglo XX la parte económica del REF, garantizó su inminente tramitación y ese fue el anuncio que quedó tatuado en las retinas de unos espectadores que no han llegado a escuchar a Mariano Rajoy susurrando la letra pequeña, cuando se pueda, lo antes posible, a la mayor brevedad. Otro Gobierno, el de acá, felizmente arropado por tambores y chácaras, ha anunciado una ronda de contactos con los agentes económicos y sociales, universidades, ayuntamientos y cabildos para emprender una profunda reforma fiscal, y esa fue la traca que quedó grabada en los tímpanos de unos espectadores que no han llegado a escuchar cómo acto seguido se les ha susurrado la letra pequeña, reforma que lógicamente dependerá de cómo vayan las cosas con el cambio del sistema de financiación autonómica. Magia. Letra pequeña. Trucos. Movimientos o elementos de distracción. Estrategias. Las Islas tendrán en breve un nuevo REF económico, si deja de llover en Galicia. Se reformará a fondo la fiscalidad, cuando el Almería gane la Liga.
