Rumores en las redes informan que detrás del error del famoso sobre de la mejor película de los Oscar que cometió la empresa Price Waterhouse Coopers, encargada del recuento de los votos de los miembros de la Academia desde hace tropecientos años, puede estar Donald Trump. ¿Para qué? Para vengarse de las críticas ácidas del gremio de actores a sus primeras decisiones como presidente y de la falta de apoyo al mastodonte, por parte de Hollywood, en su carrera electoral. Es decir, que mientras Price Waterhouse entregaba a Warren Beatty el sobre equivocado, Trump se estaría riendo del error en la Casa Blanca o en su famosa torre dorada de la Quinta Avenida de Nueva York, en cuyo bar de la planta baja he tomado yo un capuchino tantas y tantas veces. ¿Fue Trump realmente el autor del desaguisado?
Según una agencia china, sí. Y no precisamente con la colaboración de Price, que es una empresa muy seria, sino vaya usted a saber con la de quién. ¿Con la del Servicio Secreto? Digo yo que no estarán sus miembros para estas cosas, aunque ya se sabe lo que pasó en España cuando unos agentes -¿del antiguo Cesid?- forzaron la caja fuerte del domicilio de una famosa vedette para recuperar material sensible, comprometedor para una alta personalidad del Estado.
Lo recuperaron, pero, según parece, una copia de esos videos estaba guardada en el sótano de un banco suizo. No sé, pueden ser todo habladurías, unos hechos y otros, pero yo a Trump lo considero muy capaz de organizar un desaguisado de este tipo, que conste. Lo cierto es que en la ceremonia de los Oscar alguien hizo el ridículo y que, si lo que cuento es cierto, la venganza de Trump fue terrible y muy bien tramada. Repito que jamás dudaría de la seriedad de Price Waterhouse Coopers. Pero los poderes son los poderes.
