Esta vez Carmelo Rivero se ha portado. Los directores de periódicos no son buenos por lo que dicen sino por lo que callan. Y esta vez ha callado un fracaso mío y por eso le estaré eternamente agradecido. No sé por qué me fichó, francamente, porque dejé el periodismo casi cuando él tenía calzón corto y me pedía fuego, a escondidas, en el Barrio de Duggi, donde viví accidentalmente un rato bien complicado de mi vida. Cuando me localizó para que subiera a su DIARIO me explicó, entre otras cosas, para qué me quería. Su competencia hace muy bien los Carnavales, me explicó; hubo un director de periódico, me dijo, que cuando acabaron los carnavales en un año señero publicó en su periódico que ya sólo faltaban 364 días para la edición siguiente. Carmelo me conminaba a ayudarle, especialmente, en el momento de los Carnavales de Santa Cruz, culminante del año informativo. A mí me da igual que me des noticias; de hecho, me dijo también, lo que quiero son noticias inanes, de las que no salen en las noticias. Pero, llegando a los carnavales, ayúdame a encontrar algo especial, un scoop.
A lo largo de estos meses le he dado muchas vueltas a ese scoop, pero no se me ocurría nada. Hasta que un día él mismo vino en mi auxilio. “Tráete a Spielberg para los Carnavales de Tenerife”. ¡A Spielberg! Mi exclamación despertó a la familia, que gritó, a su vez, ¡¡Spielberg!! a coro. Aquí en casa todo el mundo ama a Spielberg, los más chicos por todo y los más viejos por ET. ¿Cómo se te ocurre que lleve a Spielberg? Tenerife es ahora, me dijo Carmelo, un lugar de mucho rodaje; puede interesarle comprobarlo y puede interesarle rodar aquí. Y si no me traes a Spielberg, tráeme a George Lucas. La guerra de las galaxias, por ejemplo, podría tener aquí su remake. ¡En ese Teide!
Carmelo es muy joven todavía y cree que La guerra de las galaxias es como aquel viaje de Raquel Welch que ella hizo en Las Cañadas.
Durante semanas insistí ante los agentes de Spielberg y ante los agentes de Lucas; la respuesta siempre fue dilatoria. Terminé diciéndole a Carmelo: “Vas a tener que hacer tú de Spielberg o de George Lucas. La guerra de las galaxias se resiste”. Socarrón se calló sus planes y ahora veo en la portada de su diario, y en sus páginas interiores, que en efecto se salió con la suya…, se llevó La guerra de las galaxias a su despacho y en ningún momento puso en evidencia la inutilidad de este corresponsal inane incapaz de llevar a su Atlántico al rey de los platós. En ningún momento explicó que allí no estaban ni Spielberg ni Lucas. Mi fracaso quedó oculto, y yo he vivido estos días, también, sin decir nada, esperando que me eche. No ha sido así.
Ya lo sé para otra vez. Un director siempre tiene guardada una estrategia para compensar la inutilidad de sus corresponsales en el limbo. Y también para preservarlos del oprobio.



