los crímenes que nos conmovieron

El apuñalado en el Puerto de la Cruz que presumía saber mucho del GAL

A Jean Paul Raguet lo mataron de cuatro puñaladas en el Puerto de la Cruz, donde vivió más de tres lustros; antiguo miembro de la OAS, siempre estuvo vigilado por las autoridades
Raguet era un conocido aficionado al automovilismo; en la imagen se le ve pilotando durante una competición celebrada en 1969. DA

Un día desapareció de su casa del Puerto de la Cruz y, repasada su historia, tampoco causaría gran extrañeza que, dos meses después, un empleado de los jardines del Taoro encontrara en la parte trasera del Hotel Tigaiga el cadáver de un hombre al que le habían arrebatado la vida con las cuatro puñaladas que le asestaron. Las huellas dactilares confirmaron que se trataba del empresario turístico Jean-Paul Raguet, de 44 años de edad y afincado en la provincia tinerfeña durante dos decenios. Nunca se supo quién lo mató, pero sí que Raguet sabía demasiado de asuntos como el GAL o el tráfico ilegal de diamantes. Y había amenazado con contarlo todo poco antes de que se alertara sobre su ausencia aquel 5 de julio de 1984. Tampoco estaba tan lejos: el cadáver apareció a unos 200 metros de su casa.

De película

Jean-Paul Raguet llegó a Tenerife desde La Palma, donde se instaló al término de la guerra argelina, en la que participó como miembro de la Organización del Ejército Secreto (OAS, en francés Organisation de l’Armée Secrète), una fuerza paramilitar reacia a que Francia dejara de gobernar el citado país norteafricano. Nada más instalarse abrió la discoteca Golden, en el mismo Puerto de la Cruz, un local al que dificultaba la entrada de españoles, lo que pronto le enemistó con las autoridades españoles.

Tanto esa militancia en la OAS como sus buenos contactos entre los bajos fondos marselleses se dan por ciertos, pero a Raguet le gustaba presumir, como publicó por aquel entonces El País. “Yo tengo documentos capaces de implicar a varias personas. Es evidente que sé demasiado”, había dicho en 1981 este robusto karateca de mediana estatura que alardeaba de su pasado mercenario. En su propia discoteca y ante una mesa siempre reservada, dispuesta al lado izquierdo de la caja, personajes influyentes del sector turístico portuense solían reunirse en animadas charlas en las que Raguet no ocultaba su estrecha participación.

Antes de su desaparición, una calurosa tarde de julio en la que vestía deportivamente, había amenazado con “hablar de los GAL”. Sin que se hayan descartado sus posibles conexiones con los Grupos Antiterroristas de Liberación, dedicados a la lucha contra ETA, personas que le conocían muy bien aseguran que se trataba de una advertencia en clave dirigida a quienes le habían retirado su apoyo.
Porque el francés no dudaba en confesar entre sus íntimos que tenía dos cartas escondidas en la manga, y que se había decidido a destapar lo que él llamaba un escándalo consistente en un presunto tráfico de diamantes que pasaba por Canarias, en el que estarían envueltos algunos poderosos. En tres entidades bancarias de Tenerife se encontraban depositados los famosos informes de Raguet, un obsesivo recolector de pruebas y escritos que fotocopiaba hasta la exageración. Cuando se perdió su pista, y antes de conocerse la noticia de la muerte, se cree que parte de este material comprometedor fue rescatado y dispersado.

El desplome

Que Raguet llegó a ser un personaje con poder en la Isla, especialmente en la década de los 70 del año pasado, es un hecho, Pero la llegada de los ochenta fecha su caída en desgracia, a pesar de que hasta entonces había hecho gala de un alto nivel de vida y cierta capacidad inversora. Tenía dos coches, uno de ellos un Lamborghini Jarama, y usaba preciadas joyas personales, por mucho que un informe policial describiera el Golden Blue como un “nido de corrupción frecuentado por prostitutas, homosexuales y drogadictos, y donde se practica discriminación racial hacia los españoles”. Ello provocó hasta tres cierres de la discoteca, en 1973, 1975 y 1979. En medios policiales se estimaba que esta actitud, más que por racismo, estaba motivada por el deseo de evitar curiosos en algunas reuniones celebradas en la discoteca. Raguet se defendía diciendo que el local estaba lleno y acusaba a la policía de controlarle. No estaba solo, era la época en que daba la impresión de tener importantes amigos dentro y fuera de las Islas.
Un ejemplo es la carta llegada al Gobierno Civil en 1979 enviada por el secretario general de la Casa del Rey, Sabino Fernández Campo, recabando información sobre el francés, cuyo padre era descrito como “un gran amigo, el coronel Raguet, de las fuerzas armadas del general De Gaulle”. Se respondió que se le había invitado a dejar el país por razones de orden público. “La Zarzuela no presionó. Pidió información y atendimos la solicitud”, detalló en su día el entonces gobernador Jesús Rebollo.
Deprimido por un divorcio y los fracasos económicos, dijo a todo quien quisiera escuharlo que iba a tirar de la manta, empezando por el GAL. Al poco tiempo lo asesinaron.

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