mi opinión

Cuba, perdón por mi ignorancia

Tras diez días en Cuba, me veo en la obligación moral de pedirle perdón por mi atrevida ignorancia

Por Juan Fernando Reyes Salgado

Tras diez días en Cuba, me veo en la obligación moral de pedirle perdón por mi atrevida ignorancia. No llegaba a entender e incluso criticaba la actitud de los españoles y más concretamente los canarios cuando iban para allá. ¡Que estupidez! -me decía-, perder casi nueve horas para llegar por el solo placer de disfrutar de unas playas. ¿Quién puede igualar las nuestras? Y a tan solo cuarenta minutos de avión. ¡Qué ignorancia la mía! ¡Como te he vilipendiado con esta gratuita a la vez que falta de rigor información desinformada!

Cuba no es solo playas. La Habana, a pesar de haber llegado cansado y con una temperatura de treinta y cuatro grados unido a un alto índice de humedad, es recorrer cargado de ilusión por lo que encontrarías entre las calles de La Habana Vieja. Toparse con miradas cansadas de rostros arrugados y curtidos que saben que no llegarán a vivir el cambio que poco a poco se atisba.

Son centenares de rostros jóvenes de ojos alegres y sonrisa contagiosa que saben que lo peor ya pasó y que el futuro es suyo. Son filas de ropa colgada al viento desde cualquier balcón. Arquitectura irrepetible, ya deteriorada, pero que da buena cuenta del antiguo esplendor que gozó la isla. Del fervor que todavía, a pesar de las restricciones vividas por su lucha política que les llevó a un bloqueo feroz y a perder la protección de la Unión Soviética cuando ésta entró en declive, profesan hacia la figura de Fidel Castro y el Che Guevara.

Cuba es sobre todo seguridad, en el centro de La Habana había prácticamente una pareja de guardias apostada en cada esquina. Plazas, edificios, catedrales, monumentos… a cada cual más sorprendente.

Cuba es batir el récord de líquido bebido en un día debido a las altas temperaturas. Como ven, todavía no he hablado de playas. Cuba es música en cada rincón… Música en mayúsculas. Es contagiarte de su aroma, sin querer o queriendo pararte cada vez que oyes su ritmo. Ver desde el exterior una pareja bailando salsa acompañados por cinco músicos y entrar para cenar y así disfrutar de ese espectáculo, en ese momento todo en mí era disfrute.

Cuba es que mediante tu paseo te aborde una muchacha y te ofrezca compañía y ante tu negativa te pregunte: ¿prefieres pasear solo? Y se sonría. Observar con malestar a tres jóvenes alemanes pactando con dos jovencitas cubanas mientras una de ellas le decía con un rostro cargado de pena que se marcharan, pero en el marcharse o no podría estribar la diferencia de comer un par de días o seguir teniendo el estómago hueco.

Son carreteras donde salen a tu paso vendedores diversos de fruta, quesos frescos de leche de vaca, comida… Ese eterno Malecón de eternos paseos con una inolvidable puesta de sol. Extensiones cargadas de naturaleza. Humildes campesinos de excelente educación. Conversaciones con el chófer o guía donde con voz silenciada me hablan de su sueldo, veinte pesos al mes ( diecisiete euros ).

Son dos mojitos en la Bodeguita del Medio donde para no variar tocaba y cantaban un animado grupo musical…

En fin, Cuba, que me has enamorado de por vida. Perdón por mi ignorancia. Como isla y pueblo son impresionantes.

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