mis queridos enemigos

“Emigré a Venezuela de polizón y, sin saberlo, dormí junto a un asesino”

Elías Bacallado Hernández fue más de veinte años primer edil de El Rosario y hoy es presidente de honor de este periódico, DIARIO DE AVISOS, cuyos destinos rigió hasta hace poco tiempo
Elías Bacallado. | SERGIO MÉNDEZ

Elías Bacallado Hernández (La Esperanza, 1933) es el único fundador de la Agrupación Tinerfeña de Independientes (ATI) que queda vivo. Su aspecto es estupendo, a pesar de haber superado tres ictus cerebrales y de llevar un marcapasos. Nadie diría que este mes cumple 84 años. Es alcalde honorario de Santa Cruz, un cargo vitalicio; fue más de veinte años primer edil de El Rosario y hoy es presidente de honor de este periódico, DIARIO DE AVISOS, cuyos destinos rigió hasta hace poco tiempo y cuya herencia está aquí, muy palpable. Esta entrevista es un avance de un libro biográfico (aparecerá en diciembre próximo) que ha escrito Carmelo Rivero, director del periódico, sobre un hombre que emigró a Venezuela siendo casi un niño y que todavía tiene tantas cosas que contar. Entre ellas la creación de un banco, lo que es hoy Cajasiete, una cooperativa de crédito que ya figura en la historia económica de Canarias. Y de un partido político, la ya citada Agrupación Tinerfeña de Independientes (ATI). Y de un periódico, este mismo. Estamos en el hotel Mencey, a veces le cuesta a Elías recordar nombres y situaciones, pero finalmente lo consigue. Es una persona buena, que accedió a la política “porque amigos míos, que eran del régimen, me lo pidieron; me lo pidió hasta el propio alcalde saliente de mi pueblo. Yo no tenía ni idea de lo que era ser alcalde y, además, estaba aquí de vacaciones. Vine de Venezuela por tres meses y me quedé”. Está casado con Mila Cabrera Santos y tienen un hijo, Elías.

-¿Por qué emigró, siendo prácticamente un niño?

“Pues, como todos, en busca de una vida mejor. Yo era, cierto, un niño, tenía quince o dieciséis años y me colé de polizón en el trasatlántico Begoña. Fue una aventura porque, al llegar a La Guaira, tuve que disfrazarme de marinero para poder colarme en el puerto”.

-¿Le ayudaron los tripulantes del barco?

“Sí, me prestaron ropa, aunque pretendieron que saltara al agua y que llegara al puerto a nado. Les dije: “¡ni hablar de eso!”. Entonces los barcos grandes fondeaban muy cerca de los pantalanes. Andaba la cosa revuelta, habían matado a un político venezolano y los soldados mantenían más control en el puerto, pero logré entrar en el país”.

-¿Cómo fue el viaje?

“Pues navegué escondido en las bodegas del barco, con algunas incursiones en cubierta. Tengo algo que contarle, un episodio que también aparece en el libro escrito por Carmelo. Un hombre había matado a otro, aquí, en la isla. Y también él se había colado como polizón en el mismo barco que yo, pero huyendo de la policía. Viajé, sin yo saberlo, junto a un asesino. Dormía a mi lado. Fue mi compañero de viaje. Luego no sé si lo detuvieron en Venezuela. Mucho tiempo más tarde me enteré de todo esto”.

-¿Cuántos años vivió en Venezuela?

“Más de diez años. Un día se me ocurrió regresar por tres meses a Tenerife, para ver a la familia y para saludar a los amigos. Y entonces no me dejaron marchar: me nombraron alcalde de mi pueblo y permanecí en el cargo más de veinte años. Eran épocas en las que uno no se podía negar a determinadas peticiones”.

-¿Qué hacía en América?

“Empecé como repartidor de productos norteamericanos; yo tenía noción de la logística, porque me movía bien en bicicleta, conocía bien Caracas. Y me contrató una compañía americana. Luego fui progresando, monté un almacén de distribución al mayor y gané mucho dinero, cuando el bolívar estaba como estaba”.

-Sí, a más de treinta pesetas al cambio.

“Exactamente. Me da mucha pena de lo que ocurre ahora en ese país, al que quiero tanto. Ojalá que todo se normalice y que nuestros hermanos venezolanos puedan seguir viviendo con la misma dignidad de siempre en una tierra rica, con tantas posibilidades. Los venezolanos son gentes cordiales y no merecen estar gobernados y tiranizados por sátrapas y por agentes cubanos, como en la actualidad”.

-Usted es un hombre singular. Contribuyó a crear un banco y un periódico. Y un partido político. Y de eso hace muchos años y aquí están, el banco y el periódico, tan campantes. El partido murió, pero no su espíritu.

“Bueno, realmente los artífices de la fundación de la Caja Rural de Tenerife fueron Pedro Modesto Campos, que la presidió, y Federico Isidro Sánchez, que la dirigió. Ninguno de los dos está ya con nosotros, por desgracia. Éramos muy pequeños en tamaño, yo dirigí la sucursal de La Esperanza, que me parece que fue la tercera o la cuarta que se abrió. Los bancos se burlaban de la Caja Rural por su insignificancia, pero conseguimos sacarla adelante. Y mírela hoy”.

-¿Y el periódico?

“Aquello fue una aventura. Resulta que El Día, sobre todo su director, Ernesto Salcedo, se la tenía jurada a Pedro Modesto Campos, que era procurador en Cortes por el tercio agrario. Nadie sabía el motivo de esa inquina, aunque todos lo imaginábamos: ellos defendían otros sectores. Y los que estábamos ligados a Pedro Modesto nos vimos en la necesidad de buscar un medio de comunicación con el que defendernos. Entonces montar un periódico no era como hoy, que quien quiere pone uno en circulación. Había que comprar una cabecera ya existente y nosotros adquirimos, creo que por unos diez millones de pesetas de entonces, el periódico más antiguo de Canarias, el DIARIO DE AVISOS, que era propiedad del agricultor palmero Antonio Carrillo Kábana. Pero había que traerlo de La Palma, cambiarlo de sede, lo cual no se consiguió hasta 1976”.

-Qué tiempos, Dios mío, los recuerdo perfectamente porque yo estaba allí.

“Claro que estaba. Y, además, fue usted consejero conmigo. El primer director de nuestra época fue Gilberto Alemán, que luego emigraría a Venezuela porque se hizo independentista. Seguimos, en cuanto a diseño, el modelo de El País, que también iba a salir por esa época. Fueron muchas las conversaciones de Pedro Modesto Campos y de Federico Isidro en Madrid, sobre todo con Alejandro Fernández Sordo, que entonces era el director general de Prensa en la última etapa del franquismo, y con el ministro de Información y Turismo, León Herrera. Al final logramos sacar el periódico en Tenerife y repartir las acciones entre muchas personas, a 100.000 pesetas cada una”.

-Incluso se habló de lanzar El País, en Tenerife, aprovechando la cabecera del DIARIO DE AVISOS.

“Sí, pero sólo a nivel de conversaciones de salón, nunca se concretó nada, porque El País tampoco conseguía los permisos para salir a la calle, en Madrid. Cuando Pepe Fumero y Pepe Capón, que eran muy bajitos, fueron a La Palma a comprarle el periódico a Carrillo Kábana, ellos dos hicieron apuestas a ver si no salían allí con un nombrete, como sucedía siempre. Llegaron al aeropuerto y ya cantaban victoria, pero en el momento de facturar el equipaje para regresar a Tenerife, el del mostrador de Iberia les dijo: “Ah, ¿ustedes son Los Enanos del Diario?”.

-¿Se acuerda de cuando compramos el actual edificio, la antigua fábrica de tabacos Jean?

“Sí, lo compramos con un crédito de la Caja Rural, avalado por Pedro Modesto, por Pepe Capón, que aún vive pero está muy mal, por Pepe Fumero, que presidía la sociedad editora, por usted y por mí. Nos habían desahuciado de una casa de la calle Santa Rosalía, propiedad del cuñado de Fumero, que nos ganó el pleito y nos vimos, de la noche a la mañana, en la calle y sin llavín”.

-Dígamelo a mí, que, con Pepe Capón, perseguí por los pasillos de la Audiencia Provincial a aquella gran persona que era su presidente, don Francisco Soler Vázquez, para que nos concediera una prórroga al deshaucio. “Hablaré con el ponente”, nos dijo. Y nos la consiguió. Lo distinguimos con un diploma de agradecimiento en la ceremonia de nuestros premios.

“Es verdad, me acuerdo de aquello. ¡Cómo pasa el tiempo, hay que ver!”.

Elías Bacallado. | SERGIO MÉNDEZ

-¿Y recuerda cuánto costó la compra del edificio, allá por 1980?

“No, la verdad es que no”.

-Pues se lo digo yo: ocho millones de pesetas, que era mucho dinero entonces.Por cierto, gracias a usted, don Elías, Santa Cruz pudo expandirse hacia el sur.

“Bueno, éramos alcaldes Pedro Doblado, de Santa Cruz, y yo, de El Rosario. Y el Ayuntamiento de mi pueblo tuvo la gran generosidad de ceder millones de metros de terreno a la capital para que pudiera convertirse en una gran ciudad, acogotado como estaba su crecimiento por la refinería de petróleos”.

-Y la capital se lo agradeció nombrándole alcalde honorario.

“Sí, y asignándome un sitio muy preferente en los actos públicos del municipio, lo que valoro mucho; es un honor para mí. Lo mismo que agradezco tanto que el periódico me nombrara presidente de honor gracias a la amabilidad de Lucas Fernández”.

-En el terreno político, usted fue uno de los cuatro fundadores de la Agrupación Tinerfeña de Independientes, la famosa e inolvidable ATI.

“La creamos, la verdad, porque Las Palmas nos estaba echando la pata por encima. Necesitábamos una sociedad tinerfeña fuerte, viva, que reaccionara y que partiera de una especie de movimiento vecinal. Pero se nos fue de las manos y creció y creció. Luego se fue convirtiendo en otra cosa que ya no tenía el mismo espíritu. Nosotros éramos modestos y locales”.

-¿Recuerda a los fundadores?

“¿Y cómo podría olvidar a mis queridos compañeros? Fueron Francisco Sánchez, alcalde de La Orotava; Froilán Hernández, alcalde de Granadilla; Alfonso Fernández, alcalde de La Victoria; y yo, como alcalde de El Rosario. Todos, menos yo, han muerto. Nos reunimos entonces en un bar y apuntamos los primeros propósitos en servilletas de papel”.

-Yo lo veo muy recuperado de sus pasadas dolencias.

“A veces me cuesta recordar las cosas y todavía no me atrevo, por ejemplo, a conducir, por si acaso. Me llevan y me traen. Ahora tengo algunos lapsus, pero me encuentro bien, la verdad, y espero irme recuperando”.

-Ustedes formaron un grupo agrario muy activo, muy potente.

“Gracias al liderazgo de Pedro Modesto Campos, un hombre extraordinario, honrado, un patriota tinerfeño que no siempre fue bien tratado por esta sociedad, como ocurre siempre con los grandes hombres. Él era quien nos unía, quien ejercía de líder de ese grupo, quien nos advertía de las acciones de muchos vividores de entonces, entre ellos algunos periodistas. A mí la chancleta nunca me ha gustado y lo que veo ahora llega a asustarme. Entonces la gente era más señora, naturalmente con algunas excepciones”.

-¿Cómo ve el futuro de su tierra, don Elías, con la perspectiva de sus años?

“Hay cosas que no me gustan nada. Por poner un ejemplo reciente, tienen mucha razón dos ex alcaldes de Santa Cruz, José Emilio García Gómez y Manuel Hermoso, cuando han dicho lo que han dicho sobre Las Teresitas. ¿Cómo se va a tirar un edificio ya construido para edificar otro igual, en qué cabeza cabe? Hay cosas que no entiendo, como no entiendo que haya gente en la cárcel por asuntos que parecen administrativos, no penales. Si las leyes están mal, que se cambien las leyes, por Dios”.

Se ha incorporado a la entrevista Lucas Fernández, presidente del grupo editor de este diario. Sergio Méndez nos ha hecho las fotos de rigor. Podíamos seguir contando miles de cosas, pero para eso tienen un libro de más de 150 páginas, ya terminado, escrito por Carmelo Rivero, sobre la azarosa y apasionante vida de este hombre, que parece que no rompe un plato. Siempre me ha dicho Elías: “Yo no hablo mucho. Fíjese que mi apellido es precisamente Ba… callado”.

Un placer, amigo. Espero con verdadero interés ese libro que será el primero de una colección que prepara la Fundación de DIARIO DE AVISOS. Hasta siempre.

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