Por Dulce Xerach Pérez
En la calle Emile Durkheim, de París, hay un ‘parking’ con 1.000 plazas de aparcamientos, en un área de más de 30 mil metros cuadrados en cinco plantas de altura, que sí que pudo terminar el arquitecto Dominique Perrault. Cada nivel está caracterizado por un color, rojo, amarillo, verde y azul. Esos efectos de luz son creados por luces de neón y con el suelo pintado de color rosa, colorido inusualmente utilizado para un parque pero que le da un sentido de juego artístico y de diversión a cada inolvidable planta.
De hecho, no es el único ‘parking’ que está considerado una obra de arte. Estas mundanas estructuras cívicas antes solían ser solo funcionales, pero desde hace años hay algunos arquitectos que diseñan obras de arte innovando y reinventando este tipo de edificios; por ejemplo, el de Herzog & de Meuron en el número 1111 de Lincold Road en Miami; las Marina Towers de Chicago, diseñadas por Bertrand Golberg, o más recientente, el aparcamiento del hotel Puerta de América en Madrid, diseño de Teresa Sapey.









