Cuando tocó devolver a sus domicilios a Antonio Ledezma y a Leopoldo López, los miembros del Sebin (servicio bolivariano de inteligencia), cuerpo policial integrado casi todo por cubanos, encargados de los traslados, se equivocaron de casas. Es decir, llevaron a Antonio Ledezma, alcalde metropolitano de Caracas, a la casa de Leopoldo López y a éste a la de Antonio Ledezma, ante el estupor de sus familiares. Como los gobernantes de este país se han vuelto majaretas, las respectivas familias creyeron que se trataba de una nueva locura del animal de Maduro, hasta que se aclaró el entuerto y cada uno fue finalmente trasladado a su casa de verdad. Este delirio, esta confusión propia de Louis de Funes, da idea de la locura que se está viviendo en un país atenazado por el miedo, por la confusión y por los servicios secretos cubanos. No hay quien entienda a Venezuela y las colas para salir del país hacia España o hacia los Estados Unidos son cada vez mayores. Sólo hay dos maneras de arreglar el asunto venezolano: una improbable intervención militar de los Estados Unidos, apoyada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, altamente arriesgada, y la tenaza económica de no pagar los bonos venezolanos, lo que dejará desnudo -aún más- al régimen de Maduro. Esta última reacción de Trump es la que más teme el bruto instalado en el poder, que ya no le quedaría sino el narcotráfico para sobrevivir unos pocos meses. Así que podemos decir que el régimen chavista toca a su fin, pero no será la oposición quien derribe a Maduro, sino factores externos y medidas tomadas por la comunidad internacional. Maduro está acabado, él lo sabe y está buscando dónde ir. Pero no caerá tan pronto, le quedan unos meses. A él y a su compinche, el narco Diosdado.
Delirio venezolano
Cuando tocó devolver a sus domicilios a Antonio Ledezma y a Leopoldo López, los miembros del Sebin (servicio bolivariano de inteligencia), cuerpo policial integrado casi todo por cubanos, encargados de los traslados, se equivocaron de casas
