Mi vuelta al Puerto de la Cruz -en realidad, nunca me he ido del todo-coincide con un tímido resurgir del pueblo turístico posiblemente más antiguo de España. Estoy buscando unas fotos, quizá las primeras que se tomaron en el Puerto, hechas probablemente en el hotel Marquesa, que existe, y que retratan a unos viajeros británicos de levita, posiblemente alojados en el establecimiento. No he consultado cuándo se inventó la fotografía, pero desde luego aquella imagen, que tengo guardada en alguna parte de mi ordenado/desorganizado archivo, es de sus primeros tiempos. Antañazo (por favor, no me cambien la palabra por “antaño”), cuando yo trabajaba en este periódico -estuve aquí desde 1976 a 1982- publiqué algunos suplementos sobre el Puerto de la Cruz y conseguí unas fotos increíbles de esos tiempos primigenios del nuevo invento que retrataba a personas y paisajes. Toda una época hermosa. Pero el Puerto de hoy, con unos fines de semana multitudinarios, parece que resucita. Siempre lo decimos, y lo celebramos, pero las alegrías duran generalmente poco. Yo no sé cuánto pagan los turistas que vienen, ni cuánto gastan, pero se están abriendo oficinas para atender a los residentes italianos, por ejemplo, que empiezan a ser legión. Los asesoran en todo: en finanzas, obtención de residencia y nacionalidad, asuntos de fallecimientos y herencias. Ya he visto varias en el Puerto, ahora que recorro las calles con Mini y que, más que nunca, parezco un jubileta. Hasta me mandaron el otro día a comprar arepas. Qué bajo he caído. En fin, que ahora tengo la vida cambiada otra vez y no sé cuántas veces van. Procuraré aprovechar el tiempo que me queda, que no sé si será mucho o poco, dado que los adivinos fallan, por lo que se ve. Lo cierto es que la ciudad portuense está la mar de divertida. Menos mal.
El Puerto
Mi vuelta al Puerto de la Cruz -en realidad, nunca me he ido del todo-coincide con un tímido resurgir del pueblo turístico posiblemente más antiguo de España
