La noticia no fue que pitaran e insultaran al Rey y a Mariano Rajoy en la manifestación de Barcelona; la noticia hubiera sido que no. La noticia no fue la preponderancia de banderas independentistas y que el Ayuntamiento hubiese encargado a la Asamblea Nacional Catalana colaborar en el servicio de orden; la noticia hubiera sido que no. La noticia no fue que miembros del PP y manifestantes contrarios a la independencia fueran agredidos y tuvieran que salir escoltados por los Mossos; la noticia hubiera sido que no. Porque han sido patéticos -y ridículos- los esfuerzos de Rajoy, de su gente y de Ciudadanos y socialistas para negar la realidad y hablar de una unidad que nunca ha existido; en fingir que hay lealtad en donde solo hay traición. Y en mentir sobre las supuestas razones técnicas para no subir a 5 el nivel de alerta antiterrorista. La decisión estaba tomada desde un principio y los técnicos han tenido que resignarse a colaborar en el paripé.
El único motivo ha sido no sacar el Ejército a la calle, respecto al que la progresía española mantiene su rechazo visceral: ya proliferaban comentarios disparatados sobre tanques en la vía pública y cosas así. El Gobierno catalán advirtió que no toleraría al Ejército español en las calles de Barcelona, y Rajoy se plegó, como hace siempre. Entreguismo se llama la figura. Ahora se ha demostrado que la inteligencia norteamericana había advertido por tres veces durante el presente año del alto riesgo de atentado yihadista en España, concretamente en Barcelona, y, más concretamente todavía, en Las Ramblas. Y lo había advertido a los Mossos, la Guardia Civil y la Policía Nacional. Después de que el presidente de la Generalitat lo negara, el consejero del Interior catalán lo ha tenido que reconocer, justificando su inacción en que la advertencia tenía poca credibilidad según el Estado, afirmación que Madrid ha desmentido. Lo que ocurrió fue que, como los Mossos, que tienen la competencia, decidieron no actuar, el Gobierno de Rajoy lo aceptó y no hizo intervenir a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Es el mismo entreguismo que ha practicado en educación, en cultura y en todos los ámbitos, y que nos ha llevado al uno de octubre. Se han agotado los plazos del 155 y está por ver que se pueda parar a golpe de sentencia.
Como ocurrió en los atentados del 11-M, el sector miserable de la izquierda española ha resucitado el “¿quién ha sido?”. Y, por lo visto, los autores no han sido los terroristas, sino el Rey y Rajoy, porque hay empresas privadas españolas que venden armas a Arabia Saudí, la tercera parte catalanas. Las armas de los atentados fueron una furgoneta y unos cuchillos, pero eso, al parecer, no destruye la presunción de culpabilidad de los acusados. Por desgracia, seguimos siendo una sociedad cainita, a la que no logra unir ni siquiera el terrorismo. Ya nos pasó con ETA y es de temer que nos siga ocurriendo en el futuro.
