el charco hondo

El campo magnético

La levitación magnética permite que un objeto -o, en determinados supuestos, un consejero de Obras Públicas- se mantenga a flote únicamente por la acción de un campo magnético que, en el caso del consejero, ejerce el partido que lo sustenta. Rueda magnéticamente Pablo Rodríguez sobre el problema de las colas en las autopistas, y lo hace quince milímetros por encima de cualquier avance efectivo, cierto o tangible. La relación del consejero con las soluciones es idéntica a la que tienen los trenes que (como propuso Ricardo Melchior, siete u ocho años atrás) se desplazan mediante levitación magnética: no hay rozamiento. Cierto es que la indecisión que históricamente ha tenido a la Isla atascada, o que el pecado de haber malgastado décadas mareando la perdiz, es muy anterior a Rodríguez; pero no lo es menos que con él no se ha recorrido medio metro. Igualmente reseñable es que el mismo PP que se sacude responsabilidades es copartícipe del desaguisado -¿o acaso el estrangulamiento presupuestario del PP no ha contribuido fatalmente a que sigamos en este atasco sobrevenido de licitaciones, proyectos y ejecuciones sin concretar?-. Pero la inacción actual sí es responsabilidad de Rodríguez. Comparecer de vez en cuando para seguir descuartizando lo que queda de perdiz no tiene un pase. No lo tiene que el consejero resucite al tren como receta ideal -jamás habrá recursos públicos para financiarlo, nunca-. Como tampoco es de recibo esa letanía (plagada de dudas) sobre la ejecución por tramos y la ubicación del carril rápido. De este atasco se sale en guagua o no se sale, no hay otra; así que, en vez de distraer con trenes imposibles, lo suyo es ponerse manos a la obra con un carril para guaguas con buenos precios, frecuencias suficientes y paradas razonables, y con un plan integral de reforzamiento del transporte público que permita, entonces sí, pero ni un minuto antes, sacar los coches de los principales núcleos urbanos. Sota, caballo y rey. Manos a la obra. Divagar no descongestiona las autopistas. Hay que imaginar menos, y hacer más -o algo, al menos-. Cuando un consejero levita sin rozamiento alguno con los hechos -con los resultados- que se mantenga a flote es algo que solo justifica la acción del campo magnético que le sigue prestando su partido.

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