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El pueblo pide sangre

En mala hora se me ocurrió despertarme el viernes a las siete y media de la mañana y poner la tele

En mala hora se me ocurrió despertarme el viernes a las siete y media de la mañana y poner la tele. En todas las cadenas vociferaban contra los jueces por la sentencia dictada contra esos desalmados de La Manada, a los que la Audiencia Provincial de Navarra ha condenado a nueve años por agresión sexual, por dos votos, porque el tercer magistrado pidió la absolución.

Todas las cadenas aparcaron por un día al imbécil de Puigdemont para dedicarse a La Manada. Pongo el ejemplo de Antena 3. Una moderadora muy guapa, que ignoro cómo se llama, se afanaba por contener a Lydia Falcón, que sigue en 1976, Franco caliente, guerreando como una posesa; otra era una tal Elisa Beni, que creo que fue novia de un juez y que se cree que sabe más derecho que el presidente del Tribunal Supremo; y el tercero, el ya anciano cronista Raúl del Pozo, que se afanaba por darle la razón, en el fondo y en las formas, a la Falcón en un peloteo incomprensible.

Había dos contertulios más sensatos, Francisco Marhuenda, director de La Razón, y el escritor Juan Manuel de Prada; y otro par de ellos más, desconocidos para mí. Todo viene a cuento de que se ha montado un lío (para mí fuera de lugar, porque esa sentencia puede ser recurrida), porque los jueces han visto agresión sexual y no violación en el ataque cobarde y rastrero de unos manganzones a una indefensa chica, en un zaguán de Pamplona, durante unos sanfermines.

Otro que derrochaba sensatez frente a la virulencia de algunos de los citados fue el abogado -uno de los dos letrados- defensor de la joven agredida, que se negó a faltarle el respeto al tribunal y fue muy ponderado en sus manifestaciones. Ahora, la guinda nacional está en La Manada, no dejan trabajar a los tribunales y el pueblo pide sangre. Lo de siempre.

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