el charco hondo

Se nos llene la boca

Si se nos llena la boca evangelizando sobre las bondades del desarrollo sostenible, y defendiendo que reduce de forma notable el deterioro medioambiental

Si se nos llena la boca evangelizando sobre las bondades del desarrollo sostenible, y defendiendo que reduce de forma notable el deterioro medioambiental, por coherencia se nos debería llenar igualmente la boca con productos locales, creyendo, acostumbrándonos, consumiéndolos (no solo productos locales, claro que no; pero, también). Y si se nos llena la boca, y se nos llena, pontificando sobre las ventajas de promover otras oportunidades de negocio o empleo, con actividades que no hipotecan a las futuras generaciones (impulsando una convivencia inteligente con el paisaje que pisamos), cabría recordar que tenemos en la producción local una excelente oportunidad para pasar de las frases a los hechos. El autoabastecimiento no es ni debe ser una religión.

Tampoco una doctrina, ni desde luego una imposición; pero vendría bien que creciera como línea de comportamiento, hábito o conducta. Ayudaría a lograrlo que se le dé la importancia que tiene; y que ahora, atendiendo a los resultados de un estudio sobre el autoabastecimiento de la Universidad de La Laguna, la realidad certifica. Ni la agricultura ha fracasado ni la ganadería se conjuga en pasado. Gozan de buena salud, y con bazas suficientes para que estudiantes y emprendedores vean una oportunidad sólida. Para diversificar el modelo económico es imprescindible creer, y creerse que en estas Islas hay vida más allá del turismo. Hay opciones invirtiendo conocimiento y recursos en negocios que cubran la demanda de los residentes, participando -además, claro que sí- del gigante turístico. Según el estudio, el índice de autoabastecimiento alimentario realizado con productos locales alcanza el 20%, incrementándose hasta alcanzar el 35% si se suman aquellos que se incorporan en su transformación. Agricultura, ganadería e industrias transformadoras lejos de ser un recuerdo son una oportunidad. Si se nos llena la boca hablando de desarrollo sostenible, diversificación económica y convivencia inteligente con el territorio, que se nos llene también la boca de productos locales que, además de generar empleos y proteger el paisaje, nos ponen a cubierto de una excesiva dependencia del exterior.

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