
Dicen que, siendo niño, quien luego fuera el trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy (JFK), preguntó a su padre qué era una colonia. Joseph Kennedy, empresario y diplomático sin el cual hubiera sido posible la dinastía política que hizo famoso su apellido en todo el orbe, cogió un mapamundi y señaló Canarias como ejemplo para su hijo. No hay constancia, al menos digital, sobre la veracidad de la anécdota, que se sustenta en una fuente oral de notable valor: el cuadragésimo segundo presidente de EE.UU., Bill Clinton. El de Arkansas, conocido admirador de JFK, se la contó a los tinerfeños que, siendo presidente del Cabildo Ricardo Melchior, tuvieron trato directo con él. JFK no visitó Canarias (aunque sí España, y además durante la Guerra Civil), pero nunca olvidó aquella lección de su padre y, por ende, siempre supo de la existencia de nuestras Islas.
Ahora que los lazos de la superpotencia americana y Canarias se han puesto de moda con la asistencia de Felipe VI y Letizia Ortiz a los actos conmemorativos del tercer centenario de la fundación de San Antonio de Texas por un grupo de familias isleñas, el nombre del Archipiélago ha vuelto a merodear la Casa Blanca, dado que el rey español fue recibido en dicha mansión presidencial por su actual inquilino, Donald Trump, justo después de la visita al estado de la estrella solitaria y a sus vecinos de Luisiana.

Al igual que en el caso de JFK, no descarten que Trump sepa donde está Canarias, pero tengan por seguro que, como su famoso antecesor, nunca ha tenido el placer de visitarnos. Exactamente es lo que ocurre con otro ilustre integrante de tan selecto club. Gracias a la periodista tinerfeña, ganadora del Premio Emmy, María Rozman, sabemos que el cuadragésimo cuarto presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama, conoce la existencia del Archipiélago, pero tampoco ha estado por estos lares. ¿Cómo lo sabe Rozman? Se lo preguntó justo antes de la primera de las dos entrevistas que le hizo para la televisión estadounidense. Obama, siempre seductor (y, de paso, galante), se dirigió a la santacrucera directamente en español y la periodista, que lo es, aprovechó para salir de dudas.
El único afroamericano en poder del maletín nuclear de EE. UU. añadió aquel día que le gustaría venir a Canarias y, quieran o no, seguro que a más de un lector le habrá agradado su gentileza, pero sepan que, ¡ay!, no siempre los presidentes de los Estados Unidos de América han desviado su mirada hacia estas islas con sonrisa de turista.
Recuerden, por ejemplo, al vigésimo quinto presidente, William McKinley, el mismo que dio nombre durante décadas al monte más alto de América del Norte (el hoy Monte Denali, con 6.190 metros de altura) o, si lo prefieren, el que igualmente prestó su apellido a tantas mochilas y otros artículos de montañismo vendidas por todo el mundo.

McKinley era el mandatario norteamericano en 1898, año en que España perdió sus últimas colonias (según Clinton, JFK no estaría de acuerdo en que fueran las últimas). Sea como fuere, el imperio emergente aprovechó la decadencia española para quedarse con Cuba y Filipinas, pero Canarias fue una ficha más de aquel tablero bélico.
Más allá de que, en los años anteriores a la contienda, no fueron pocos los planes de los militares estadounidenses en los que figuraron nuestras islas, cuando el 1 de mayo de 1898 los norteamericanos destruyeron la flota española en la Batalla de Cavite (Filipinas) y, dos meses después, liquidaron los buques del almirante Pascual Cervera en las aguas de Cuba, el pánico fue tal en Canarias que, incluso, el 19 de julio de 1898 se declaró una alerta máxima en Lanzarote ante el temor de una invasión inminente. Hasta se cavaron apresuradas trincheras, pero nunca llegó el invasor. Hoy día, dado que la base de Azores cubre para su ejército las necesidades militares de la superpotencia (como concluyeron tanto Richard Nixon como Gerald Ford), no debemos temer una invasión.
PD: Creamos a Clinton. No solo es el único presidente de EE.UU. que ha visitado Canarias, sino que vino a jugar al golf. Si es así, sean todos bienvenidos.





