el charco hondo

Las preguntas necesarias del PP

Estos días de truenos y relámpagos mal disimulados en el PP deben hacerse tres preguntas necesarias, imprescindibles

Estos días de truenos y relámpagos mal disimulados en el PP deben hacerse tres preguntas necesarias, imprescindibles. ¿Qué los arrastró del Gobierno al infierno en apenas unos días? Los casos de corrupción del partido, fue la corrupción el pegamento que hizo posible una moción de censura imposible. Ha sido una desbordante sucesión de casos que dejaron de ser aislados la gota que, ya judicialmente descrita, les reventó el vaso. Fue la corrupción del partido, así expresada judicial e informativamente, la que forzó y precipitó los acontecimientos, arrastrando al Gobierno de la satisfacción de una aprobación presupuestaria a una caída en barrena, zarpazo teñido de irrealidad a ojos de presidente, ministros, cargos públicos y orgánicos. ¿A quién asocia la opinión pública en grandísima medida a esos casos de corrupción del partido, a Cospedal o a Sáenz de Santamaría? En la calle, en bares u oficinas, la corrupción de un partido se vincula más fácilmente a la secretaria general, y muy difícilmente a quien, como es el caso de la exvicepresidenta, nunca ha tenido responsabilidad o actividad orgánica alguna. El Gobierno no tumbó al partido, fue al revés.

Rajoy no cayó por su acción como presidente de un Gobierno con apoyos suficientes para aprobar los presupuestos generales del Estado -luego, para gobernar-, sino por su condición de presidente del partido. ¿Cómo puede el PP salir del hoyo? Si extraño resultó que presidente y secretaria general del PP no anunciaran su dimisión conjuntamente, aún más sorprendente es que la secretaria general de este PP se ofrezca para conducir el nuevo PP; y, siendo ambas cosas extravagantes, todavía lo es más que Cospedal (candidata que sin dudarlo más interesa a Sánchez y Rivera, y menos al PP) ponga en valor ante sus militantes el papel que ha jugado estos últimos años de responsabilidades diferidas. El PP de hace apenas unas semanas es ya el viejo PP, y no parece razonable que intenten pasar página sin pasarla o que el nuevo PP lo protagonicen los actores y actrices principales del viejo PP. La reivindicación que Cospedal hace de su protagonismo de estos años no es una buena señal: implícitamente acerca a la idea de que lejos de pedir perdón el partido debe exigírselo a quienes lo han ofendido. Difícilmente podrán empezar a resucitar poniéndose en manos de alguien tan tocado como Casado o prorrogando con Cospedal el tiempo que deben dejar atrás para construir un nuevo PP, un buen PP.

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