
Rupa ejerció la prostitución en un burdel de Bangladés durante cinco años, obligada por traficantes cuando tenía tan solo 13 años. Allí sufrió maltrato a diario, incluida su obligación de alimentarse con esteroides de vaca.
La joven, que ahora tiene 19 años, convive en una casa con unas 400 prostitutas aproximadamente. Pese a que la ley del país prohíbe a las menores de edad trabajar en estos locales, se calcula que cerca del 47 por ciento de las trabajadores sexuales son niñas tratadas como prostitutas en contra de su voluntad.
Rupa contrajo matrimonio a los 11 con un hombre que le triplicaba la edad. Sin embargo, este falleció en un accidente de tráfico y la familia de su marido se negó a acogerla. “Dijeron que no podían permitirse cuidar de mí o de mi hijo. Ya no era virgen, así que ningún otro hombre se casaría conmigo “, ha contado la joven al diario británico The Telegraph.
Finalmente, un grupo de trabajadoras sexuales la vendieron al mundo de la prostitución, donde fue alimentada con Oradexon (esteroides de vaca) para forzar a su cuerpo a desarrollarse y así, aparentar más edad.
Ahora, Rupa se ve obligada a atender de 10 a 12 clientes por día para subsistir, algunos de los cuales la golpean regularmente. Las prostitutas en Bangladés, a menudo, se ven obligadas a trabajar hasta que reúnan el dinero suficiente para comprar su libertad, pero Rupa asegura que “me gusta soñar con un futuro mejor. Pero sé que no sucederá para mí “.





