
El respeto y veneración que millares de tinerfeños demuestran cada año con fervor a la Virgen del Socorro en Güímar se vieron salpicados ayer por la falta de vergüenza que una vez más demuestra el ocurrente presidente del Cabildo que nos toca padecer. Carlos Alonso ultrajó durante la multitudinaria bajada de la Virgen la norma no escrita, que durante décadas han respetado políticos de todas las ideologías y confesiones, y que se resume en no aprovecharse de la fe y devoción que una gran mayoría de los ciudadanos expresa en el transcurso de la emblemática procesión religiosa. Alonso, que fue abucheado y criticado duramente por los fieles al atreverse a cargar el trono de la Virgen, está tan preocupado por su caída en picado en las encuestas electorales, que su empeño en llamar la atención lo está llevando al terreno de la desesperación y el ridículo. Lamentablemente, la nueva y grotesca salida del tiesto que ayer protagonizó Alonso en El Socorro fue la triste comidilla de una jornada donde la imagen de la Virgen es la única que debe brillar con luz propia.





