
Ana Julia Quezada, asesina confesa del niño Gabriel Cruz, podría haber cometido otro crimen hace años, según recoge el diario elPeriódico. Un informe elaborado por la Guardia Civil ve claros indicios de que esta pudo “segar la vida” de su propia hija, Ridelca, en 1996. La pequeña, de tan solo cuatro años, murió tras caer desde un séptimo piso de la habitación que compartía con su hermana. Sin embargo, el caso quedó archivado después de que el juez instructor lo considerase un accidente. Ahora, el sumario del caso manifiesta que su fallecimiento no habría sido fortuito.
Ridelca había permanecido en República Dominicana hasta 1994, que se mudó a España, mientras su madre se ganaba la vida como prostituta en Burgos, donde conoció a Miguel Ángel, con el que se casó y tuvo a su segunda hija.
Tras el asesinato del niño de Almería, que conmovió al país, se retomaron las investigaciones sobre el posible crimen de la hija primogénita. Y es que el informe destaca la “dificultad de que una niña de solo cuatro años en estado de sonambulismo, que nunca había padecido, se precipitara desde un edificio”.

El propio Miguel Ángel -por aquel entonces marido de la asesina confesa- reconoció en todo momento que la pequeña no había sufrido antes ningún episodio de sonambulismo: “Ella me comentó, días después de su muerte, que la había sorprendido entre una de las ventanas. Yo le dije que podríamos haber puesto medios para evitar lo que pasó, pero ella me contestó que la había regañado y pensó que no lo volvería a hacer”.
En caso de que se continúe con la investigación por parte de la Guardia Civil, se podría juzgar a Ana Julia, ya que cuando las víctimas son menores, los años de prescripción se comienzan a contar desde que estas cumplen la mayoría de edad. Ridelca tendría ahora 25 años y, por tanto, el delito no ha prescrito.





