
Un nuevo escándalo político cobraba cuerpo ayer, dejando atrás la fulminante dimisión de la ministra de Sanidad, Carmen Montón, por el presunto plagio del trabajo de su máster: las dudas de Albert Rivera sobre la autoría de la tesis doctoral de Pedro Sánchez. Es un disparo a la cabeza del Gobierno. Ayer, el líder de Ciudadanos preguntó por sorpresa en el Congreso al presidente socialista por su texto académico y le retó a hacerlo público, pues permanece inédito y envuelto en un halo de misterio. El origen de tales sospechas se localiza en una confidencia que hizo el exministro Miguel Sebastián en Tenerife, el pasado 16 de marzo, según supo ayer DIARIO DE AVISOS, que pudo atar cabos entre testigos de primera mano.
Sebastián, extitular socialista de Industria en tiempos de Zapatero, intervino ese día en un foro de Assap sobre Economía, Derecho y Empresa, y tras el coloquio en torno a su ponencia, La falsa bonanza económica: lecciones aprendidas y diagnóstico actual, participó en un almuerzo restringido, donde, en un clima de confianza, se animó a hacer algunas revelaciones. Alguien le preguntó directamente por la tesis doctoral de Sánchez sobre diplomacia económica española y Sebastián salió al paso del runrún que atribuía la investigación a expertos del ministerio que él había dirigido. “No es verdad que le hiciéramos la tesis. Pero le echamos una mano”. Esto último quedó grabado en la memoria de los comensales que compartían el almuerzo con el exministro en un restaurante próximo al aeropuerto de Los Rodeos. Sebastián ha desmentido haber querido decir que la tesis doctoral del presidente fuera obra de negros de su departamento. En aquel almuerzo en Tenerife sí admitió- como ayer pudo confirmar este periódico- que hubo “cierta ayuda”, pero también es cierto que no precisó el alcance de la misma, a los efectos de establecer si el autor oficial vulneró la legislación que exige una autoría estrictamente individual de semejante trabajo, por cuanto el mismo permite obtener un título oficial y habilitante para trabajar.
La polémica subió de tono de modo acelerado durante la jornada de ayer, tras el rifirrafe entre Rivera y Sánchez, y desplazó a un segundo plano la caída en desgracia de la ministra Montón, para situar al presidente bajo el foco de todas las suspicacias. De este modo, Sánchez se enfrenta a un episodio desagradable, que le obliga, como antes Cifuentes y después Montón, sin olvidar a Pablo Casado, a la obligación de demostrar su inocencia, o sucumbir a este género de tsunamis que se ha apoderado de la política española.





