El libro se llamó Cómo crear un museo para cambiar una ciudad. La experiencia del Iodacc. Bastaría con el análisis del título para dar con las claves de esa historia. Se cuenta ahí el ardid con que se montó la iniciativa. El proyecto tuvo argumento: un museo de arte actual y proyectar Santa Cruz de Tenerife al mundo. Otras experiencias probaban su utilidad: el IVAM de Valencia, el Guggenheim de Bilbao, el Centre Pompidou de París o el MOMA de Nueva York. Tratándose del lugar de que se trata, habría de parecer pretenciosa la decisión. No. Se partía de un principio, a fin de convencer a quienes la apoyaran: el entusiasmo se traduce en rigor. Conforme a ello se trabajaba. Además, había un antecedente cercano, el CAAM de Las Palmas de Gran Canaria, al que se iba a contestar. Faltaba el material con el que actuar, pero al alcance estaba: el arte canario de los últimos años y una figura de absoluta potestad: Óscar Domínguez. Se actuó, se compró. Una representación menesterosa de lo uno y la colección más importante del mundo sobre Domínguez. Fácil concluir, por lo que la figura es y representa. Así, Iodacc o, lo que es lo mismo, Instituto Óscar Domínguez de Arte y Cultura Contemporánea.
La tenacidad con que se movió el asunto fue eminente, en absoluto consenso todos los partidos del Cabildo. Y se logró. Un museo para quienes nos visitan (y no solo turistas o aficionados sino investigadores y profesionales) en tanto ahí estaba, en salas expresas y permanentes, la sustancial obra del extraordinario artista del Surrealismo Óscar Domínguez. Pero CC es un monstruo de muchas cabezas, que se revira contra sí mismo. No hizo falta la oposición para rematar, bastó con uno que ocupó el lugar de otro del mismo partido para virarse hacia atrás y borrar. La extraordinaria gestión en torno a Domínguez, recuperar la figura aquí (con actuaciones escultóricas y ciudadanas en Tacoronte o La Laguna) y los canarios, confirmar la estima en otras partes del planeta o incluso subir los precios de sus cuadros pues eso es lo que asigna valor a un artista, eso se logró. Hete aquí que la importante inversión los nuevos de CC la tiraron por el sumidero. No era necesario (cosa espeluznante) que la obra comprada de Domínguez fuera expuesta, mejor cuidarla en un almacén para préstamos. Lo que se llamó Iodacc, tachado por nombre más cercano y carismático.
Eso es el TEA, es decir, Tenerife (no va a ser menos), Espacio (¡!) y de las Artes, para empatar. Un memorable tributo a la mediocridad.
