santa cruz

“Cumplir 100 años es una sorpresa muy agradable”

El lagunero Amaro Arbelo Padrón entra en el selecto club de los centenarios, y lo hace con una salud envidiable y rodeado de sus familiares y amigos
Amaro Arbelo, ayer, en el almuerzo con el celebró sus 100 años junto a familiares y amigos. Fran Pallero
Amaro Arbelo, ayer, en el almuerzo con el celebró sus 100 años junto a familiares y amigos. Fran Pallero
Amaro Arbelo, ayer, en el almuerzo con el celebró sus 100 años junto a familiares y amigos. Fran Pallero

“Cumplir 100 años es una sorpresa muy agradable”. Estas palabras las pronunció ayer Amaro Arbelo Padrón, nacido el 23 de octubre de 1918 en La Laguna, y que, por tanto, estaba de celebración centenaria, la más especial, sin duda, de su larga existencia.

Su familia y amigos quisieron homenajear la vida de este hombre que llega a los 100 años cargado de energía y en perfecta forma física, animándose no solo a compartir mesa y mantel con los amigos, en casa Yeye, en Las Mercedes, sino incluso a marcarse un baile agarrado. La vida de Amaro es la de un hombre lleno de inquietudes que le han llevado a viajar por medio mundo. Gracias a su empleo en la administración de transporte de Tenerife, este lagunero se desplazaba a Santa Cruz para trabajar, pero también para aprender inglés. Y qué mejor manera de aprender el idioma de Shakespeare que poniéndolo en práctica con los nativos. Para ello frecuentaba el bar Atlántico, donde marineros de todas las nacionalidades paraban en su estancia en el puerto capitalino.

Fue allí, según recuerda su familia, donde conoció al capitán de un petrolero sueco que lo convenció para embarcar con él. Lo hizo y estuvo tres años viajando por el mundo. Fue en una escala del barco en un puerto cercano a Róterdam donde conoció a la que sería su esposa, Riet, de nacionalidad holandesa. Con ella formó una familia ya en Tenerife, una unión de la que nacieron dos hijos.

En su larga vida ha sido socio del Casino de La Laguna y aún vive con pasión dos de sus aficiones más queridas: la lectura y la música.

Admiten los que lo conocen que tienen una gran facilidad para las relaciones humanas, de ahí que sus viajes por el mundo fueran para él todo un placer.

Ayer, un almuerzo familiar y una misa de acción de gracias en la iglesia de San José, parroquia de la que es su fiel más veterano, sirvieron para celebrar tan feliz acontecimiento, cumplir nada más y nada menos que 100 años. Sus mejores recuerdos, comentó Amaro a los presentes. son los de los viajes con los que recorrió medio mundo, y, por su puesto, su esposa, Riet.

Amaro Arbelo entró ayer en el selecto club de los centenarios y lo hizo de la mejor forma, con envidiable salud, con una sonrisa y acompañado de los suyos.

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