Juan Hernández Bravo de Laguna

Más ocurrencias

La exhumación de los restos de Franco es una de las ocurrencias con las que Pedro Sánchez nos distrae a los españoles de los problemas reales y con las que pretende hacernos olvidar su impotencia como Gobierno y su incapacidad para abordar esos problemas reales. Entretiene a unos y a otros con los mismos debates ...read more →

La exhumación de los restos de Franco es una de las ocurrencias con las que Pedro Sánchez nos distrae a los españoles de los problemas reales y con las que pretende hacernos olvidar su impotencia como Gobierno y su incapacidad para abordar esos problemas reales. Entretiene a unos y a otros con los mismos debates de siempre, y así van pasando las semanas, mientras esa pésima comunicadora que es la ministra portavoz regaña a los periodistas que no le preguntan lo que ella quiere: hay una cierta izquierda que tiene alergia a la libertad de expresión.

La insistencia obsesiva -y excluyente- de Pedro Sánchez en la exhumación de los restos de Franco pretende ocultar que de su inmensa minoría parlamentaria deriva su impotencia política y su incapacidad para gobernar y gestionar los asuntos cruciales de este país. La exhumación es un asunto fácil de defender, incómodo para una oposición que no puede oponerse sin correr el riesgo de ser calificada de franquista, y que permite a los socialistas recuperar la iniciativa y el liderazgo de la izquierda, a la que une con ese objetivo común.

En efecto. Se trata de un tema de fácil defensa en una agenda populista y demagógica, uno de los que quedaron pendientes en la Transición para no incidir en las heridas del pasado. Somos un pueblo cainita que no respeta ni conoce su historia, y el guerracivilismo que practica la izquierda y alientan el Gobierno y ciertos medios ha convertido la exhumación en un asunto extraordinariamente delicado. A pesar de su -equivocada- oposición frontal a la medida, la familia ya ha anunciado que se hará cargo de los restos, que ha asegurado no irán a su panteón de El Pardo por motivos de seguridad. Es un extremo muy importante, porque abundan los sectarios y desalmados que no guardan el respeto debido a los cadáveres y, con vocación de profanadores de tumbas, han llegado a proponer la basura como destino final del cadáver. Todo es posible en este país, por lo que una opción de la familia, con permiso de los medios sectarios de la izquierda, sería intentar que ese lugar digno y respetuoso del que hablaba la vicepresidenta del Gobierno quede en secreto.

La familia ha manifestado formalmente su oposición a la medida en un escrito de alegaciones en el que califican de inconstitucional y contrario al ordenamiento el decreto que posibilita la inhumación, pero, alternativamente, para el caso de no ser atendida su reclamación, escogen como destino de los restos la cripta de la catedral de La Almudena, en donde poseen un derecho de inhumación perpetua en cuatro tumbas, de las cuales dos están ocupadas por la única hija de Franco y su marido y dos permanecen vacías. Es una muy buena solución y una alternativa al secreto del destino de los restos: soluciona los posibles problemas con la comunidad benedictina del Valle de los Caídos y la Iglesia, y, al mismo tiempo, la cripta de la catedral ofrece protección a los restos frente a los peligros descritos.

Quizás sería el momento de que la familia trasladara los restos de la esposa de Franco del Panteón familiar del cementerio de El Pardo a la cuarta tumba de La Almudena, cerrando así la cuestión del destino definitivo de los restos de los miembros centrales de esa familia. Cuanto antes olvidemos todo esto mejor será para la democracia española.