el charco hondo

Quién la tiene más grande

Sánchez debió convocar elecciones de forma más o menos inmediata; de una parte, porque ese fue su compromiso y, de otra, porque cuanto antes lo hiciera mejor le habría ido a su partido. Faltó a su palabra, y eso no ayuda. Ha incurrido en errores veniales, infantiles o capitales, generando una sensación de escasa solidez que tampoco lo fortalece. Ahora bien, Pedro Sánchez es mi presidente, nuestro presidente, como lo fue José María Aznar (importando poco lo que yo pueda pensar sobre él) o como lo será quien suceda al actual. Es, insisto, el presidente. Y si está al frente del Gobierno es porque fue investido respetando de forma absoluta e incontestable un procedimiento constitucional, acogiéndose a un mecanismo indiscutiblemente legal, reglamentado, respaldado por una mayoría de parlamentarios que ocupan sus escaños de forma también constitucional, legal y reglamentaria. Quienes abuchean al presidente de nuestro país, llamándolo okupa, o son unos ignorantes o están pidiendo a gritos (que es lo suyo) un curso acelerado de nociones democráticas básicas. Sánchez no está ocupando un inmueble sin tener título legal o legítimo para ello. Y quienes así lo consideran será porque, consciente o inconscientemente, parten de una premisa cargada de inconstitucionalidad, y no es otra que la de creer que las viviendas y las instituciones tienen dueño, los suyos. Además de un ejercicio de mala educación y peor patriotismo -de españolidad mal entendida y ejercida- lo de tachar de okupa a un presidente del Gobierno retrata a quienes lo dicen, y deja en mal lugar a quienes en el PP o Ciudadanos miran para otro lado, evitando pronunciarse sobre abucheos poco constitucionales. Independentistas y fascistas están cebando a quienes, cada vez con menos pudor o recato, juegan a ver quién tiene la bandera más grande, que no deja de ser una forma más o menos figurada de concursar a ver quién la tiene más grande, a secas. El mundo girando contra las manecillas del reloj y este país sumergido en episodios de hace ya cuarenta años. Qué exigente resulta a veces sentirse serena, moderna y razonablemente español. Sánchez es mi presidente, sí. Como lo fue Aznar. Como lo será el que venga después.

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